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Dilma y Fidel


Este primero de enero, cuando la mayor isla del Caribe (Cuba) conmemora el 52 aniversario de la revolución que dio paso a la única economía no capitalista de Occidente, en el mayor país latinoamericano (Brasil) se posesiona su primer gobernante que haya pertenecido a una guerrilla castrista.

Dilma Rousseff, quien estuvo presa en 1970-72 acusada de ser una de las líderes de de la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, se convierte en la primera presidenta mujer en la historia brasilera tras haber arribado a palacio mediante las urnas y no las armas.

Ella, al igual que el presidente uruguayo Pepe Mujica, el vicepresidente boliviano Alvaro García y los partidos gobernantes de Nicaragua (FSLN) y El Salvador (FMLN), llega al poder operando una evolución inversa a la que tuvo su inspirador castrismo.

Cuando a fines de 1958 una serie de huelgas y una fuerte crisis conducen a la caída de la corrupta dictadura cubana de Batista, la relativamente pequeña insurgencia de Fidel saca provecho del vacío generado. Los Castro aplican una serie de reformas y nacionalizaciones que les conllevan a un choque con Washington, a buscar convertirse en admiradores de Moscú y luego a transformar a su original movimiento democratizante en un partido comunista.

Cuando en 1979 la guerrilla sandinista triunfa en Nicaragua, los Castro le piden a Ortega que no emule su sistema y que, más bien, acepten el mercado y el multi-partidismo.

En todas partes los Castro piden a la antigua guerrilla que se reinserte en el sistema, aunque en Colombia no logran que ello se dé. El modelo a seguir fue el de Venezuela, Bolivia y Ecuador en el cual caudillos nacionalistas buscaban reformas frente a lo que denominaban el neo-liberalismo pero manteniendo e incentivando el mercado.

Ex guerrilleros castristas, como Dilma o Pepe, incluso se ‘moderan’ más que los mandatarios del ALBA, buscando un camino más de corte socialdemócrata. Dilma no hará nacionalizaciones tipo ALBA. En vez de querer que Brasil sea una nueva Cuba, querrá que Cuba y el ALBA sigan la senda del Brasil. Su estrategia será continuar a la de Lula: hacer que su país sea un puente entre quienes promueven la libre empresa y el populismo de izquierda.