¡Dios mío! ¿Por qué tanta maldad?

Por: Redacción 05/08/2017

Hay tanta maldad porque hemos dejado que el "ego", el yo falso nos domine. Él nos hace creer que todo nos pertenece, que la gente debe rendirnos pleitesía y que todo aquel que no piense como nosotros es nuestro enemigo. Hay tanta maldad porque al crearse los clanes y las tribus, necesarios estos para la sobrevivencia humana, en vez de convertirnos en comunidad donde todos participábamos de los bienes y tendríamos el derecho de opinar y de elegir en consenso lo que nos conviene, aparecen los liderazgos bastardos, los que crean opresores, dictadores y corruptos y comienzan a gobernar desde el falso ego. Hay tanta maldad porque se van creando las élites por raza, nación, credo o poder económico y ellas se sienten amos del mundo y comienzan a ejercer su dominio imperial. El falso ego en ocasiones usa el argumento de que Dios eligió a tal dinastía para gobernar, o que alguna raza por designio divino o biológico es superior a otras.

Todo esto se va protegiendo con leyes y se crean las estructuras sociales y económicas que apoyan los poderes que oprimen a otros. Con el tiempo, por el uso indebido e injusto de los bienes, unos, los de la élite son más educados, mejor alimentados y crean sus propios círculos de privilegiados y dan la impresión de que son superiores. Los marginados, los excluidos, por su deficiente alimentación comienzan a padecer de deficiencias cerebrales por la desnutrición y físicamente aparecen como menos dotados.

Hay tanta maldad porque cuando los instintos, la parte biológica más primitiva nuestra, no se dejan gobernar por la razón, y esta por el Espíritu, aparecen los comportamientos más inhumanos y salvajes. El ser humano se convierte en un destructor capaz de diezmar poblaciones en guerras, solamente con el fin de probar algo que el ego falso promueve, que mi clan es superior y que Dios está de nuestra parte.

Hay tanta maldad porque llega un momento en el que el ego falso colectivo convence a una comunidad nacional, racial, religiosa o económica que los contrarios no valen, no importan, no tienen dignidad y tan siquiera son personas, y por lo tanto es válido cualquier tipo de exterminio. Todos los casos de genocidio de judíos en los campos de concentración, bombardeos a poblaciones civiles en guerras, terrorismo salvaje que elimina grupos enteros de gente inocente, e incluso las políticas económicas que desfavorecen y discriminan a grandes poblaciones en nuestros países. Hay mucha maldad porque hemos eliminado a Dios de nuestros hogares, comunidades y naciones. Dejemos a Dios ser Dios, arrodillémonos ante Él, reconozcamos que solo Él es el Señor y recordemos que con Dios somos invencibles.

Monseñor

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Miércoles 15 de julio de 2026