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Dios y Patria: A las urnas todos

Por: Redacción 02/05/2014

A escasas horas de que concurramos, cívicamente, a las urnas para depositar nuestro voto en pro de la democracia, los panameños y panameñas, como población electoral, habremos de elegir a las próximas autoridades del país, tras el voto directo de todos nosotros y, entre ellas, a la más importante: el presidente de la República.

El periodo que ha transcurrido durante estos meses de campaña electoral, desde la perspectiva técnica, si bien hemos estado en campaña, de hecho, desde hace mucho tiempo atrás, ha puesto de manifiesto que se ha tratado de una intensa, acalorada y hasta engorrosa campaña que para algunos, no pocos, ha sido hasta cansona, al extremo de causar indigestión.

En estas últimas semanas, precisa acotarlo, no ha habido panameño ni panameña que pueda afirmar que se haya sustraído de toda esta dialéctica política en donde hemos visto y oído de todo. Han saltado las indisposiciones de parte y parte, o más bien, entre las tres partes, quedando el pueblo panameño, las grandes mayorías sociales, como silencioso observador y oidor de todo cuanto ha sido expuesto.

No son pocos, por otra parte, los congéneres que cifran sus esperanzas de desarrollo individual, familiar y hasta social en función directa de quien haya, al final de cuentas y luego del día domingo 4 de mayo, quedar como presidente de la nación.

Habrá muchas frustraciones para quienes, como dice la Biblia, cifran sus esperanzas en el hombre. Error, grande error, que pongamos la mirada en un hombre, si bien el no hacerlo no significa que desatendemos los intereses de la patria y que perdamos la perspectiva de la inmensa importancia que tiene para un país el elegir a sus máximas autoridades o gobernantes.

No, de ninguna manera. Como cristianos debemos tener bien claro que: 1. Dios pone y quita a los gobernantes; 2. Que Dios ya tiene determinado, en sus magníficos planes, qué es lo mejor para nuestra tierra y nuestra gente; 3. Que el Señor no se equivoca cuando elige a alguien; 4. Que Dios coordina su plan divino con sus decisiones terrenales, entre ellas, a quien pone y quita como gobernante de una nación; 5. Que quien se llame cristiano habrá de saber y tener bien claro que dependemos de Dios y no de simples mortales, aun cuando ocupen el solio presidencial de una patria, no dejan de serlo, por consiguiente, se encuentran plagados de fallas, debilidades, errores, flaquezas, vicios, etc.

He tenido un sueño. Veía a una gran amiga, hace años ya se fue al cielo, Luisa Barría, chorrerana de pura cepa, creyente de un testimonio cristiano vívido, real, entregada a Cristo. En el sueño me encontraba, al final de una calle, aquí en la ciudad, observando a una muchedumbre que enarbolaba banderas políticas de todos los partidos de esta tierra. Entre tanto, de lejos, yo presenciaba la manifestación política, la vi que venía, hacia mí, vestida de un color blanco hueso. Traía en sus manos un plato con tres clases de alimentos, no recuerdo qué eran los alimentos. Cuando estuvo frente a mí, me dijo: “Come”, pero antes arregló los alimentos en el plato. Mientras yo comía me dijo: “No es bueno lo que está pasando en este país. La gente ha apartado la mirada de Dios y la ha puesto en hombres. Todos buscan proteger el dólar o ver cómo hacen más y aseguran su statu quo. Esto no es agradable a Dios”.

Desperté, esa madrugada como a las cuatro y 20 minutos. Fue la semana pasada. Quedé impresionado con el sueño. Comuniqué a mi hermano Anselmo el sueño. A esa hora estaba él despierto. Me dijo: “Varón esto es de Dios”.

Pregunto: ¿No es esto lo que está realmente sucediendo en nuestro suelo? ¿No nos hemos afanado tanto al extremo que estamos terminando en una guerra fratricida entre nosotros mismos? El día de las elecciones será eso. Lo que es. Y nada más.

Al día siguiente, seguiremos trabajando, aportando al país ideas, y, sobre todo, dando gracias a Dios por el país que nos ha dado, por nuestra gente y para que sanen las heridas entre quienes han perdido de perspectiva que una cosa es disentir de ideas, sobre todo políticas, y otra cosa es que el amor a la Patria, a la familia, que nos debe impulsar a unirnos cada vez más como nación y como proyecto de una país en desarrollo óptimo.

Lo que se quiere, sin duda alguna, es paz para el país. Paz para los nuevos gobernantes y que siempre reine un clima de armonía entre los panameños y panameñas y que los extranjeros que escogieron nuestro suelo para vivir y trabajar afirmen la idea de que no se equivocaron. Que nuestra gente es gente buena y que somos personas de avanzada, de progreso, de desarrollo, de luces largas y no cortas.

Entendiendo y rogando, sobre todo, que Dios siga teniendo misericordia de esta patria y de nuestra gente.

A concurrir a las urnas, todos, con la mística de quien ama a la Patria y no de quien se sirve de ella. Que somos un territorio chico, pero de una ¡Patria grande!

 

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Viernes 7 de agosto de 2026