Diplomacia y derecho al asilo
El derecho de asilo y la inviolabilidad de las sedes diplomáticas están consagradas en la historia y en convenios internacionales. Son innumerables los casos connotados sobre este tema. Uno de los más repulsivos y violatorios ocurrió en Cuba, el 29 de octubre de 1956, en la Embajada haitiana. Nueve asilados políticos fueron asesinados en la propia sede, alegando la tiranía de Batista que se produjo una llamada pidiendo protección por los diplomáticos. Versión rechazada por los haitianos.
La realidad histórica fue la orden del tirano, como reacción gubernamental de la acción del Directorio Revolucionario en el ajusticiamiento del jefe del Servicio de Inteligencia Militar, coronel Antonio Blanco Rico. Cuatro meses y medio después, la propia organización insurreccional atacaba el Palacio Presidencial con el propósito de ajusticiar al tirano y dejar acéfalo el régimen genocida. En aquellos acontecimientos caía en combate el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, José Antonio Echeverría.
La tensión no podía ser más fuerte en la Isla, además de la muerte del jefe de la Policía en la Embajada haitiana, el 13 de marzo era asesinado el juristaPelayo Cuervo, por hordas batistianas.
En aquel ambiente de absoluta impunidad y criminalidad, el Cuerpo Diplomático acreditado acordó cesar los asilos políticos. El embajador panameño Alberto Boyd no titubeó en proteger a los ciudadanos panameños en peligro. Su hermano Aquilino Boyd, Canciller en esos momentos, defendió a ultranza la soberanía y la territorialidad de su embajada, al igual que el presidente Ernesto de la Guardia.
Alberto Boyd logró un importante precedente ante el Cuerpo Diplomático, en aquellas circunstancias sumamente difíciles, creciendo su personalidad panameña y diplomática, inseparable de la soberanía de la nación.
El 14 de marzo, un día después del ataque al Palacio Presidencial, en el propio carro oficial de la embajada, Alberto Boyd, acompañado únicamente de su secretario Carrasquilla, tuvo la valentía de recogernos en medio de nuestra clandestinidad a los tres estudiantes universitarios y trasladarnos a su residencia, bajo amenazas de los jefes policíacos y del Gobierno. Incluso exigiendo la integridad de nuestro progenitor entonces secuestrado en condición de rehén.
El 22 de marzo de 1957, nos acompañaba hasta el avión de la KLM, Alberto Boyd, el benemérito y digno embajador. Panamá daba muestra de hacer válida la institución del asilo político, en un país convulsionado por una revolución.