Dirigentes, recuperen la credibilidad, retomen el rumbo...
Unos cuantos estudiantes tienen secuestrada la educación superior pública de este país, los actos registrados las últimas semanas dejan mucho que decir de estos estudiantes universitarios.
Sus acciones han obligado a la mayoría de los estudiantes que sí quieren prepararse para convertirse en profesionales ilustres de este país a interrumpir su proceso de aprendizaje, debido a que ese minúsculo grupo decidió protestar por todo, y para colmo terminan golpeando a un funcionario de esa institución que realizaba su trabajo como camarógrafo.
Pero eso no es todo, la hazaña de esta minoría puso en riesgo el proceso de acreditación al que debía ser sometida esta casa de estudios superiores.
El mismo rector Gustavo García de Paredes aceptó que el ambiente que se vive en la universidad no es el mejor para que los evaluadores hagan su trabajo.
Lo que en verdad da coraje es que fueron las mismas autoridades, no solo de la actual gestión ni de la pasada, sino desde siempre los que han alimentado el monstruo de las dirigencias estudiantiles para sacar provecho, medir fuerzas y obtener beneficios politiqueros a lo interno de la universidad. Ahora, el monstruo parece estar descontrolado, y es inaudito que las autoridades permitan que hayan estudiantes dentro de la universidad con 15 años de estudios, sin ni siquiera haber recibido una licenciatura. ¿Qué hacen? ¿Qué beneficios les brindan a la institución y a la sociedad?
Advierto, no estoy criticando las protestas, pues la Universidad de Panamá se ha caracterizado por ser un hervidero de ideas, y eso es lo que la enriquece. Lo que no comparto son los actos violentos y bochornosos como los recientes, que solo han provocado daños y perjuicios a terceros. ¿Dónde están las propuestas? ¿Dónde están las alternativas? Está bien disentir, pero no hay que hacerlo porque sí, hay que hacerlo con bases, argumentos y sobre todo con credibilidad. Las dirigencias estudiantiles de la Universidad de Panamá deben recobrar esa credibilidad, ese nivel de debate y propuesta que antes los caracterizaba.
