Discurso y elegancia...
Algunas veces debemos seguir conductas elementales de imagen acorde con nuestra sociedad; sin embargo, en esta cultura moderna de igualdad, las reglas de cortesía y elegancia parecen cosas del pasado.
La elegancia, definida por el diccionario de la Academia Española, se muestra como la forma bella de expresar los pensamientos, además de significar gracia, nobleza y sencillez.
Pero para algunos, en especial los que dicen ser representantes del pueblo (diputados) esta gracia social deja mucho que desear cuando se expresan. Esta cultura de imagen, que debe hacer valer todo funcionario, se incrementa en forma negativa cuando algunos personajes carecen de un lenguaje fluido, sencillo y directo.
Y decimos esto porque en la Asamblea Nacional hace rato se viene dando una serie de frases entre diputados. Cualquier ciudadano que asiste a la casa de Justo Arosemena piensa que esta en el patio limoso de cualquier barrio de la ciudad capital. Si bien estamos ante una Asamblea Legislativa que debe parlamentar entre Oposición y Gobierno con discursos sobre la vida política nacional, a veces se escuchan frases rayando en lo vulgar, la cual deja dudas sobre su significado en el diccionario español.
Esto hace que muchos diputados se enciendan en cólera y respondan con incongruencias hacia su contrario político. Ante este hecho el gran perdedor es la opinión pública que eligió a sus parlamentarios.
Pero hay personajes que tiene una gran dicción con argumentos y experiencia dentro de la Asamblea Nacional para cuestionar ideas como Leandro Ávila, Miguel Fanovich, Jorge Arrocha, Gabriel Méndez, Marilyn Vallarino, Denis Arce, Marcos González, Alcibíades Vásquez y Juan Carlos Arosemena.
Mientras otros tienen discursos chabacanos e inservibles; además hay padres de la patria con planteamientos bonitos y buena fe, pero que dentro de la práctica política están desfasados porque el sistema no está diseñado para que la gente entienda estas metáforas.
Entre esos tenemos a Francisco Brea, Agustín Sellhorn, Pablo Vargas, Benicio Robinson, Vidal García, Edwin Zúñiga, Luis Corbillón, entre otros. Hoy. a pesar del discurso encendido por la política, nuestros funcionarios deben tratar de enmarcarse dentro del marco del respeto hacia sus semejantes. Con un lenguaje legislativo elegante, sencillo y directo o mejor dicho entendible para el público, que no invoque epítetos mal intencionados y vuelva otra vez el Circo.
