Discusión estéril
El negocio de las drogas es la actividad más rentable del crimen transnacional. La Organización de Naciones Unidas (ONU) calcula que en los últimos dos años el narcotráfico generó 400 mil millones de dólares en ganancias, casi un 8% del total que representa el comercio mundial. Esto evidencia que se trata de un enemigo poderoso que no respeta fronteras.
Panamá desafortunadamente está entre el polo de producción de la droga y los mercados más importantes. Nuestra geografía es muy vulnerable al tráfico de estupefacientes, dinero sucio, armas y contrabando de mercancías y seres humanos. Es absurdo pensar que solos podremos combatir la industria del narcotráfico y sus actividades conexas.
Por eso, resulta infructuoso que algunos sectores pretendan que el país se enfrasque en una polémica por el tipo de apoyo que brinda Estados Unidos a Panamá en su lucha contra esta actividad. Así como el narcotráfico se ha globalizado, los métodos para combatirlo también. La lucha contra este flagelo, que amenaza la institucionalidad propia de las naciones, es una tarea compartida, en la que cada cual aporta lo que puede.
Los controles que imponga Panamá en su territorio, a través de las bases aeronavales, arrojarán beneficios directos en las calles panameñas. Habrá menos droga circulando y en consecuencia se reducirán el número de consumidores, de los tumbes y las ejecuciones. La droga que sea interceptada en Panamá producirá los mismos resultados positivos en Estados Unidos. Entonces, es un esfuerzo compartido que beneficia a todos.
Cohesión es lo que se necesita en esta importante tarea. Desviar esfuerzos hacia infértiles discusiones lo único que haría es beneficiar el criminal negocio que cada día igual gana terreno en Panamá, Nueva York, México, Guatemala o España.
