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Distintivo: La identidad del panameño


Rogelio Herrera (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Cada individuo, institución o país tiene su identidad. Del latín “identita”, se trata de los rasgos propios de un persona, institución, comunidad o país. Las características son propias frente a los demás. Ejemplo: El corregimiento de Monagrillo, distrito de Chitré, tiene la característica del humorismo, que les identifica. Un distintivo o talante del panameño es usar la bandera panameña para arropar su triunfo, cubriéndose el cuerpo con ella. Otros toman la bandera panameña en sus manos. Otros la usan en su instrumento musical, como quien dice: “Aquí estoy yo, aquí está Panamá”.

Es sumamente importante que el panameño conozca su historia, ya que una persona tiene derecho a conocer su pasado patrio, defender su identidad. Pero resulta que la importancia de nuestra historia se ha disminuido sistemáticamente. La eliminación de la cátedra Historia de las Relaciones de Panamá con los Estados Unidos, para relegarla a que se explique en el curso de Historia de Panamá, es un ejemplo de lo que indicamos. En el caso de la historia nacional panameña, debe conocerse esta, tal como es en verdad y sin ocultar nada; tal vez podríamos ahorrar las tres cuartas partes de las muchas calamidades que hoy día nos agobian. Es algo bastante similar a lo que ocurre con relación a nuestra vida individual.

NO ODIAR NI BURLARNOS DE LOS EXTRANJERISMOS O JUZGAR DE MANERA DESPECTIVA EL CONTENIDO DE OTRAS CULTURAS...

Se celebran los 500 años del descubrimiento del Mar del Sur, pero dejan por fuera a Panquiaco, que fue quien le indicó a Vasco Núñez de Balboa donde estaba el Mar del Sur. El cacique Parita, que tiene entre sus tantos méritos haber vencido a los invasores. Para él no hay ni una moneda, ni un homenaje de gran consideración, aparte del humilde parque que existe en Parita con una pequeña efigie.

Pero la identidad también es la conciencia que se tiene de sí mismo: En Panamá existen personas sin identidad. Unos que no tienen la nacionalidad, o sea, sin inscripción legal, otros por ignorancia y otros por sinvergüenzura, actuando como si no tuvieran conciencia de su papel en la sociedad. Los espectáculos en la Asamblea Nacional de Diputados son ejemplo de esta última condición.

Algunos rasgos de la identidad son hereditarios, otros se logran en el entorno en que se vive. Existe una vinculación en relación con la consideración biológica, con el aspecto cultural e igualmente ante la libertad de elección. También se considera a la identidad como un elemento lógico; en álgebra se destacan las fórmulas, ya que cualquiera que sea el valor de las variables, siempre existirá una igualdad.

Como nos dice el profesor Rafael Ruiloba: “El Estado panameño debe rescatar la función social de la cultura como fundamento de ética, como fundamento de valores, el fortalecimiento de la identidad nacional y como desarrollo del individuo”.

No obstante, esta identidad nacional panameña no está localizada solo en la región del Canal interoceánico, y que para mucha gente en este país es la clave y la esencia misma de nuestra identidad, pues hay que mirar muy seriamente hacia las regiones de nuestro interior, de ese interior que está condenado al olvido de los gobiernos de turno y que es mirado solo en las épocas preelectorales, las celebraciones del Carnaval, la Semana Santa o cuando se celebran patronales o citas políticas.

La idea de identidad nacional panameña implica un sentimiento de totalidad y que incluye todos los aspectos de la existencia y del ser de nuestra nacionalidad, sin excluir ningún episodio, suceso o acontecimiento bueno o malo de la vida de los panameños.

Es importante considerar evitar caer en etnocentrismo y apartarnos de ese legítimo derecho de identidad. No odiar ni burlarnos de los extranjerismos o juzgar de manera despectiva el contenido de otras culturas. Es más, la ley lo prohíbe. Como cuando el panameño se dirige a un asiático o a un ser humano que tenga deficiencias físicas y se le juzgue por esa condición.

En otro sentido, cualificar nuestra cultura como paradigma que no admite comparaciones y que, en consecuencia, nuestro ser nacional (o el ser nacional panameño) merece ser estimado o valorizado desde una perspectiva universal, única y absoluta.

El ser panameño nos compromete a elevarnos hacia valores positivos, sin menoscabo de nuestros talantes, siempre que no riñan con la moral y buenas costumbres, indicando lo que somos y representamos.

El respeto implica una posición de altura, en la que debes conocer el valor propio y enaltecer el valor de los demás. Allí está la auténtica manera de ganar respeto y entrar al mundo del entendimiento racional de nuestra identidad.

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Viernes 14 de agosto de 2026