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“¿A do convertirán ya sus sentidos?”


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

La liturgia de la Iglesia católica celebra hoy la fiesta de la Ascensión del Señor. El epígrafe de la columna de hoy está tomado del poema lírico de Fray Luis De León, o.s.a, clásico de la lengua castellana dedicado a la Ascensión del Señor y dice así; “Y dejas, Pastor Santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto; y Tú, rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro. /Los antes bienhadados y los ahora tristes y afligidos, a tus pechos criados, de ti desposeídos, ¿a do convertirán ya sus sentidos? /¿Qué mirarán los ojos que vieron de tu rostro la hermosura, que no les sea enojos? Quien oyó tu dulzura, ¿que no tendrá por sordo y desventura? /Aqueste mar turbado, ¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto al viento fiero, airado? Estando tú encubierto, ¿qué norte guiará la nave al puerto? /¡Ay!, nube envidiosa aun de este breve gozo, ¿qué te aquejas? /¿Do vuelas presurosa?/ ¡Cuán rica tú te alejas! /¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

Esta es la pieza poética clásica de nuestra lengua que resulta insuperable porque es resultado de una meditación profunda y afectiva de la vida de Cristo con sus Apóstoles. Como que nos traslada al momento que vivieron los Apóstoles en este pasaje de los misterios de la vida de Cristo donde pareciera el autor reclamarle al Pastor Santo su partida y el abandono en que quedaban los apóstoles acostumbrados a Jesús y de paso nosotros que quedamos en este valle hondo y oscuro incluso de día.

¿A dónde iremos, tú tienes palabras de vida eterna? ¿A cuál de las universidades debemos ir para encontrar la verdad? Señor, no sabemos a dónde vas, muéstranos el camino y basta. Tomás, Yo soy el camino, la verdad y la vida. Luego pondera en tono místico, ¿qué mirarán los ojos? Ud. que cree ya ha visto todo, no ha visto nada. Nos falta mucho por ver. Viendo a Jesús, ya no hay que ver nada más, todo nos parecerá o debiera parecernos nada.

Quien oye con fe a quien metió el gol, ni oír a un conferencista caro, u oradores de derecha o izquierda, o sindicalistas o capitalistas extranjeros o presentadoras elegantes, tendremos por “sordo” en el sentido de sonido desagradable.

“Aqueste mar turbado”, efectivamente, alude al pasaje de la tempestad que para nosotros las tempestades representan la diaria historia patria nacional o personal de nuestras vidas, cuando habla de mar turbado, quién le pondrá ya freno. Lo único que nos queda es gritar con los apóstoles. “Sálvanos, Señor, que perecemos”, que pareciera que no sabemos a dónde nos llevan las tempestades de odios, de violencia, de huelgas, de estafas, de engaños. De gobiernos nuevos, de gente resentida y con odio y deseo de venganza, “Estando tú encubierto”, por qué te fuiste o te abandonamos, “Deus non derelinquit nisi prius derelinquatur” (no nos deja si primero lo dejamos) o preferimos “ir por fuera”, ¿Qué norte guiará la nave al puerto?, gran interrogación que seguimos haciendo los que navegamos en la barca de Pedro, que no debemos dejar que se nos encubra o desaparezca nuestro norte, ni perdamos de vista a nuestro único guía.

El final que no tiene fundamento en el evangelio y que es la famosa nube de Fray Luis, la “nueve envidiosa”, ¿por qué envidiosa” En el sentido creo yo, que ante el embelesamiento de verle partir, interrumpe semejante gozo, y como que “presurosa”, llevada por el viento nos habla de que todo pasa y que hay que volver a la realidad, “Varones de Galilea, qué hacéis, mirando al cielo?, como quien dice, ya está bueno de reflexiones, de tanto curso y ponerse a trabajar no solo cantando: “Adelante la pica y la pala”, sino de verdad en el cumplimiento de nuestros deberes y no de andar viendo si los demás no lo cumplen, como ocurre.

Todo el fundamento de la obra está basado en el Evangelio de San Marcos: “El Señor Jesús fue elevado a los cielos y está sentado a diestra de Dios” (1619). San Lucas es el cronista de la ascensión. Solo él ha referido el misterio en su faceta más humana.

Al verle resucitar y subir triunfante hacia el Padre, habían comenzado a entender lo que habían oído de ese “yo soy”, clave de toda su misión salvadora, que ojalá entendiéramos todos.

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Viernes 14 de agosto de 2026