default

Doble discurso


El presidente de República, en sus 27 meses como inquilino del Palacio de Las Garzas, ha debido aprender que un país no se dirige a base de impulsos.

La campaña electoral se acabó, por lo que antes de anunciar propuestas o proyectos, debe estar seguro de que las podrá cumplir, pues los últimos acontecimientos en la esfera política han minado su credibilidad.

Por eso, su solicitud ante los integrantes de la Comisión Especial de Reformas a la Constitución Política, de reducir poderes al mandatario del país, resulta una broma pesada.

¿La justificación? Tan sencilla como compleja: Que un presidente no puede ser como un emperador. ¿Se siente así nuestro gobernante?

El jefe del Ejecutivo plantea que uno de los poderes que le deben ser regulados es la forma en que los mandatarios eligen a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

En medio de un proceso de selección de cinco magistrados a la Corte, bien haría el actual presidente en dar muestras de despojo de un poco de poder, sin que sea necesaria una reforma constitucional.

La sociedad civil, desde inicios de su administración, le ha pedido un poco de participación en este polémico proceso; sin embargo, ha hecho caso omiso y ha acusado a los diferentes grupos de querer cogobernar.

El presidente ya se equivocó hace un año designando, contra viento y marea, a un cercano colaborador para ocupar un puesto en la máxima corporación de justicia, pero desoyó el clamor popular y el final fue un escándalo.

El mandatario ha admitido en varias oportunidades que ha errado y que no es un ser perfecto. La mejor lección, tras un fracaso, es no cometer las mismas acciones que lo llevaron a fallar. ¡Así de simple!