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Don Bosco, el santo de la juventud


Roquel Iván Cárdenas (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Es posible que el entendimiento entre padres e hijos adolescentes no sea fácil. El problema no es nuevo, aunque quizá ahora se torne más difícil de resolver por la configuración propia de nuestra sociedad de consumo. Unos de los tópicos más comunes en el que padres e hijos no parecen ponerse de acuerdo es en el uso del tiempo libre, por ejemplo, durante los fines de semana y en horarios nocturnos.

La forma como nuestros jóvenes emplean el tiempo libre es algo que preocupa cada vez más a muchos padres. El entretenimiento no necesariamente busca el desarrollo integral de nuestros jóvenes, más bien está dirigido a lograr mayores ganancias. Ante este panorama, algunos padres buscan aumentar el control sobre sus hijos, pero no tardan en comprobar que esta no es la solución. Controlar no es educar. Y otros caen en una horrible permisividad asumiendo que la “vida” les va a enseñar lo que necesitan, sin darse cuenta que los están arrojando a un abismo de confusión.

En nuestro país, es palpable que gran parte de nuestra juventud se encuentra desorientada. Encontramos múltiples amenazas que buscan alienar a nuestros jóvenes que son llevados por la moda. Hoy día, muchos de nuestros niños tienen modelos poco edificantes entre los llamados famosos. Existe de alguna manera un silencio cómplice de muchos sectores de la sociedad que no contribuyen a la edificación de las nuevas generaciones. Ante este panorama, surge como una figura que nos trae esperanza, san Juan Bosco, el santo de la juventud. Don Bosco, como cariñosamente lo llamamos, nos enseñó un método para educar a los niños basado en el amor.

Hoy día para poder tratar niños con buenos resultados, primero hay que amarlos, pero no solo amarlos, sino que ese amor se debe manifestar en forma clara para ellos. En el caso de Don Bosco, ese amor era evidente y le ayudó a formar sus ideas sobre el castigo, en una época en la que el maltrato era el mejor método.

Don Bosco buscaba desarrollar el sentido de responsabilidad, suprimiendo las ocasiones de desobediencia y estimulando los esfuerzos de los niños. En 1877 escribía: “No recuerdo haber empleado nunca un castigo propiamente dicho. Por la gracia de Dios, siempre he podido conseguir que los niños observen no solo las reglas, sino aun mis menores deseos.” Amor y disciplina es lo que necesita nuestra niñez como nos enseñó san Juan Bosco. Que Dios bendiga a los salesianos.

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Viernes 14 de agosto de 2026