Don Leo Tejada, el zapatero del barrio
La Barriada de Carrasquilla está de duelo. Los parroquianos de la Iglesia de Lourdes han recibido la noticia de la muerte de Don Leocadio Tejada con gran pesar.
Todos recordamos, personal del Arzobispado y personas aldeanas a aquel diminuto varón como el zapatero y al mismo tiempo al que en sus mejores tiempos actuaba como sacristán “ad honorem” en algunas de las actividades religiosas especialmente en los funerales sobre todo en la época de monseñor Fidel Puig.
Confiero que mantuve una mutua estima con su persona y a través de él recordábamos al finado Monseñor José Quinzada quien fuera párroco de la Merced durante los años 30 quien fue el que invitó en su tiempo a Leo al ingresar al Seminario cuando eran seminaristas Monseñor López Cuervo, el padre Poveda y otros miembros ya finados de nuestro clero. Leo aceptó que no tenía vocación y el mismo Quinzada lo llevó al Hospicio de Huérfanos de los Padres Salesianos en donde aprendió zapatería, profesión de la cual vivió y que enseñó a sus hijos y a otros que quisieron aprender el arte de arreglar zapatos. El blasonaba de que le había hecho botas a varios boxeadores famosos de Panamá y de Estados Unidos, también le solicitaban sus servicios pues eran insuperables las botas marca Leocadio.
Leo tenía una gran memoria de los miembros del Clero en la mitad del siglo XX. Hombre sencillo, humilde y trabajador. Muere a los 98 años con gran deseo de haber llegado el próximo 30 de diciembre de este año a los 99 años. Modelo de longevidad. Se le recuerda por la mesita al fondo del templo donde vendía Panorama Católica y otros artículos piadosos. El Licenciado Luis Alberto Díaz, quien fuera por muchos años Director de este periódico, le distinguió en más de una ocasión.
En este mes de la patria distintos grupos cívicos reconocen valores ocultos de ciudadanos que han echado raya en algún aspecto, nosotros recordamos a Don Leocadio como un ciudadano que silenciosamente hizo trabajo, hizo patria en convivencia pacífica cumpliendo con su deber sin andar en adulaciones y otras genuflexiones mendigando reconocimiento. El silencio de su comunidad orante su mejor distinción, que el Señor lo tenga en su gloria.
“Síganme y os haré pescadores de hombres (Mt, 4, 9) Con estas palabras llamó a 4 pescadores para que fueran sus discípulos. La Escritura nos recuerda que ellos lo dejaron todo y le siguieron.
“Y vio Dios que todo era bueno.” (Gen1,10) Cuando Dios en la creación realizó su obra, vio que todo era bueno. Es un don de Dios en si mismo.
Sacerdote jesuita.