¿Dónde comienza la paz?
Mucho hablamos de paz y entendimiento en el país, y hasta en una entrevista con la expresidenta Mireya Moscoso se mencionó, por parte del entrevistador, que el actual presidente Ricardo Martinelli nos mantiene en constantes sobresaltos, a lo que la Sra. Moscoso respondió: “Lo que pasa es que el presidente tiene una personalidad diferente”. Es decir, cada uno es un individuo y es diferente.
Estos conceptos introductorios nos sirven para concluir que “la paz comienza conmigo y en cada uno de nosotros en la sociedad, por ser cada uno un individuo diferente. La paz es producto del respeto y aceptación de nuestras diferencias. Es la libertad de pensar y percibir las cosas de diferentes maneras, sin límites.
Del mismo modo, cuando practicamos la aceptación y nos abstenemos de tratar de imponer nuestro punto de vista, cuando aceptamos a las personas, situaciones, circunstancias y eventos como son, podemos estar en paz sin importar lo que esté sucediendo a nuestro alrededor. Si soltamos la necesidad de tener la razón a toda costa, de defendernos o quejarnos de todo, de tener la última palabra a como dé lugar y de tratar de convencer a otros de nuestros puntos de vista porque los creemos muy válidos, podríamos encontrarnos con una realidad no deseada: “la paz está más allá del entendimiento”.
Los problemas o malos entendidos se suscitan fundamentalmente por la forma como se reacciona a las situaciones que hemos creado.
Las desavenencias se alimentan de las creencias, juicios, opiniones personales o de grupos y de memorias que mantenemos latentes, ya que no hemos roto con el pasado que nos angustia.
Es necesario “prender una luz” en vez de reaccionar negativamente, engancharnos en discusiones políticas en la mayoría de los casos, las que tienen poca profundidad filosófica o ideológica, para encauzar soluciones a los conflictos que vivimos en este país. Pero primero debe cada uno de nosotros prender su propia luz, no hacernos víctimas innecesariamente. Una vez que tengamos nuestra propia luz encendida para salir de nuestras propias tinieblas, debemos alumbrar también a nuestras familias, parientes, ancestros y amigos.
Es nuestro deber ayudar a otros a prender su propia luz, salir del tenebroso mundo de la discordia, las diatribas y las ambiciones políticas que no conducen a nada positivo y al contrario nos afectan para continuar el rumbo que nos conduce a la “luz al final del túnel”.
Consultor internacional
