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¿Dónde está  el pensamiento panameño?

Por: Redacción 04/08/2015

En Panamá se perdió el pensamiento científico de reflexionar e indagar, de pensar críticamente, por lo cual a los jóvenes les es difícil ordenar el pensamiento lógicamente; ya no se enseña lógica, ahora hay que enseñar inglés. No se estudia humanidades porque no es práctica, en tanto que si el destino manifiesto de Panamá es el comercio y los servicios, o sea, el Canal, entonces se le mete toda la energía al estudio de finanzas y derecho, pues es lo que da trabajo y plata de inmediato.

El pensamiento debiera guiar el cambio, empero Panamá ha dejado de pensar. Esto se asevera al ver las facultades de Filosofía y Humanidades de las universidades cada vez más solitarias. Pocos son los que las estudian. Esto no es bueno porque se ha llegado al extremo de hacer a la sociedad excesivamente pragmática y robótica, las cosas se hacen automáticamente con fórmulas preparadas. Cuando las computadoras se dañan se suspenden todas las actividades que se estuvieran desarrollando. Ya es difícil hacer cálculos mentales.

El pensamiento panameño se ha hecho individualista y se ha escondido. No participa para ayudar al país a salir del embrollo en que se encuentra para no contaminarse de corrupción. No crea escuela, por ello no se da continuidad a un buen pensamiento.

Los pensadores no escriben porque no se paga lo que producen, o porque no quieren poner por escrito sus trabajos para no quedar comprometidos con "los corruptos o los anticorruptos".

¿Qué ha sucedido con el pensamiento panameño? El académico científico se ha quedado instalado en la inercia y el facilismo, evitando promover debates nacionales que aporten a la formación de un pensamiento que se convierta en guía que encuentre y dirija el rumbo del Estado. En palabras llanas: no ha tomado el liderazgo intelectual de Panamá y ha permitido que lo tomen comunicadores sociales y políticos, lo cual no es su campo, sin estar preparados para ese compromiso y lo que forman son logomaquias sin sentido.

El pensamiento panameño de las ciencias humanas se ha quedado en los anaqueles de las academias; los autores no sienten que sus obras sean divulgadas de manera que la sociedad las conozca, las disfrute y las comprenda.

El pensador panameño debe tomar el liderazgo ante la sociedad para que mejore su actitud y comportamiento y, de una mente colonizada, pase a una de sentimiento de panameñidad que valore lo que posee.

Hay pensadores capaces de transmitir la cientificidad del pensamiento sin pedantería ni arrogancia, y conducir por mejores derroteros nuestra educación y democracia. Debieran estar dispuestos a tomar la responsabilidad y emprender la tarea, empero se les debe estimular en todas las formas posibles.

Se supone que la Universidad de Panamá, como primera institución educativa del Estado, debiera llevar el liderazgo en el pensar, sin embargo, se le acabó el combustible y se quedó en el camino. Hasta antes de la dictadura, era ella la que llevaba la conducción en cuanto a la opinión política bien pensada, ecuánime y creíble, en el país. Eso se puede considerar prehistoria. La universidad no emite opinión. No lo hacen los docentes ni los estudiantes. Lo que ha sucedido es que en los últimos años se ha enfrascado en pleitos de vecindario entre sus autoridades y docentes que se pueden resolver en corregidurías. No plantea debates intelectuales de contenido científico. Pero ¿tendrá el recurso humano, tanto docente como educando, para retomar la dirección con decisión y valor? ¿Tendrá voluntad y fortaleza? El país necesita conducción científica. ¿Está su dirigencia dispuesta a encabezar esa tarea? No se vislumbra en estos momentos.

Se debe empezar en los altos niveles intelectuales a darle forma a un nuevo pensamiento. Abandonar viejos paradigmas ideológicos y crear nuevos. ¿Qué rumbo debe seguir Panamá? En los niveles universitarios se debe investigar, encontrar ese rumbo y encabezar el cambio.

El pensamiento debe incluir una nueva cultura política justa que tome en cuenta los diversos componentes de la sociedad panameña, con su variada etnicidad y multiculturalidad.

Panamá requiere reencontrar su pensamiento científico. Debemos iniciar la búsqueda en su origen que está en la institución familia, donde se empieza a aprender a pensar y vivir correctamente. La familia la une el amor, que ya no se fomenta. Sin la familia bien avenida y funcional la educación no prospera y mucho menos los valores que se anhelan.

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