A dos años de gobierno
Comienza el gobierno con una imagen positiva tratando de cumplir las promesas de su campaña, a los tres meses la nota de su gestión era de una aprobación cerrada, con algunas exageraciones que en materia de justicia no le correspondían pero que el pueblo miraba con buenos ojos, un pueblo hastiado de promesas electorales, cansado de una situación que en materia de corrupción había alcanzado niveles de impunidad.
El cumplimiento de algunas promesas populistas como 100 a los 70, las becas universales escolares, dan un respiro de tranquilidad a las grandes mayorías, sin embargo en el plano económico, la instauración de un nuevo impuesto del ITBM (del 5% al 7/%), el impuesto de propiedad horizontal, los nuevos impuestos municipales, han encarecido la vida del panameño, apareciendo ya el fenómeno de la inflación. Todo esto aunado a la subida inaudita de los precios de los combustibles, y que marca muchos de los hábitos de consumo de una población acostumbrada al despilfarro. Se habla de un crecimiento económico pero que no penetra las clases media y populares.
En materia de derechos humanos, la falta de manejo de crisis como la de Bocas del Toro, irradiando mensajes de falta de tolerancia y de barbarie, las amenazas a la libertad de expresión, no dejan una buena calificación a un gobierno que no tolera cuestionamientos .
En materia de transparencia no parece obtener una buena imagen cuando a principios de su gobierno surgen denuncias propias dentro de su bancada por el uso del manejo del llamado FIS dentro de las filas de sus diputados, todo queda allí, en un gran alboroto, tapado por una palada de promesas que con el transcurrir de los meses quedaron en eso.
El accionar de un Ejecutivo parece no estar acompañado de manera sincronizada por el comportamiento y el rendimiento de sus funcionarios de jerarquía o de mando y jurisdicción, que parecen haber perdido la iniciativa y solo reaccionan cuando hay que apagar los fuegos que aparecen con mayor frecuencia y siguen desgastando la labor de gobierno.
La fragilidad de la alianza de gobierno se ha estado desquebrajando cuando los apetitos del principal partido de convertirse en una fuerza absoluta, somete a sus aliados, los panameñistas que no saben si soportar más desaires sin sacrificar sus puestos dentro del engranaje gubernamental.
Los otros proyectos o promesas de campañas como el metro bus, el problema del tráfico vehicular han arrancado, pero parecen no cuajar no dando respuestas apropiadas o efectivas que la población esperaba.
