default

Dos décadas truncadas por la dictadura militar


Marisín Villalaz de Arias / Médico (opinion@epasa.com) / -

Tal vez les extrañe el tema de hoy, que hace tiempo quería escribir sobre ello, pero se presentaban otros y me lo impedían. Sin embargo, alguien tiene que recordar aquellos tiempos desde sus orígenes, para que no los olvidemos y la juventud nuestra, a la que no se le instruido en el tema, debe aprender lo que vivimos para que nunca más lo permitan porque el futuro es de ellos. En las escuelas no hablan sobre el particular, y pareciera que aquí no ha sucedido nada que recordar.

Después de la campaña electoral de 1968, en la que hubo violencia, insultos, tiros y lo impensable en una campaña de democracia, el Dr. Arnulfo Arias fue el triunfador. Debido a varios errores que cometió en el tiempo hasta tomar posesión y los 10 días que fungió como presidente constitucional, los militares, a quienes se les había dado poder y una formación militar sin que tuviéramos ejército propiamente dicho y que algunos de ellos eran afectados por las disposiciones tomadas, decidieron usar su poderío y terminar con las decisiones del presidente. La noche del 11 de octubre hubo un levantamiento en el que dos de sus dirigentes tomaron posesión del país y lo derrocaron con la anuencia de los Estados Unidos que luego, por conveniencia, le brindó asilo político en la Zona canalera para luego deportarlo. Si bien es cierto que gran parte del pueblo no estaba de acuerdo, ¿quién podía contra las armas? Ante la negativa de los civiles para formar un nuevo gobierno, se afianzaron y, de allí en adelante, nadie los pudo bajar en 21 años de nuestra existencia cuando fuimos apresados, matados, y vilipendiados nuestros derechos por el solo hecho de oponernos.

DISOLVIERON LA ASAMBLEA ELEGIDA Y LOS PARTIDOS POLÍTICOS, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DEJÓ DE EXISTIR...

Muchos asilados en la Zona, exiliados a otros países, tristeza al ver que cada día se consolidaban más fueron dándoles un poder que utilizaron por toda una eternidad. Fueron muchos los jóvenes que murieron defendiendo la democracia que se nos iba de las manos, pero era inútil contra la fuerza militar. Disolvieron la Asamblea elegida, la Corte Suprema de Justicia dejó de existir, completando los tres poderes para ser reemplazados por un triunvirato militar detrás del cual estaban quienes realmente gobernaban. Disolvieron los partidos políticos y quedamos a la deriva y a merced de los militares que resultaron ser gente de mala calaña y controlaron el país durante esos 21 años. Los medios de comunicación fueron expropiados a sus verdaderos dueños y también controlaron ese cuarto poder para que se supiera solo lo que ellos querían. De allí en adelante, nadie podía expresar su descontento con lo que sucedía; nadie podía hablar en contra de ellos, pues de ser así, los hacían desaparecer.

Era la primera vez que nos sucedía algo parecido y no podíamos creerlo. Fueron años de sufrimiento, muerte, desolación y una dictadura que no permitía que se les opusieran. Desde luego, de las primeras cosas que hicieron fue romper el ritmo que llevaba la educación para acabar con ella porque las dictaduras no permiten gente preparada que se les oponga. Fue como acabar con el desarrollo del país, como acabar con lo mejor de nuestra existencia. Nuestra Universidad de Panamá, que hasta entonces había sido buenísima, dejó de tener la excelencia con que contaba para ser masificada de manera que todo mundo pudiera ingresar, tuviera o no los méritos para ello. Se formaron las células izquierdistas que dominaban todo en la casa de estudios, porque los militares cogieron, durante un tiempo, el camino de la ideología contraria a la democracia. Fueron amigos de Fidel Castro, eliminaron la enseñanza del inglés que ahora nos hace falta e hicieron de Panamá un país de mediocres. Privó lo contrario a los principios que habíamos aprendido anteriormente y fueron eliminadas las empresas privadas para darlas a los empleados que las tomaban y las quebraban. Acabaron con las pocas industrias que teníamos y con la posición privilegiada de lugar de paso y de servicio para someternos a las ideas izquierdistas.

Allí comenzó nuestro peregrinar y la inseguridad de unos gobernantes que no sabían a dónde nos llevarían. Comenzamos a coquetear con todos, sobre todo, con la izquierda a la que no estábamos acostumbrados.

La próxima semana continuaré con el recuento de lo que fue nuestra dictadura militar para que todos la aprendan o la recuerden.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026