¿Dos, diecinueve o tres partidos?
Cuando nació la república, solo había conservadores y liberales y bajo esas banderas se arroparon quienes compitieron por el poder, en elecciones indirectas, hasta 1916 o mediante votación directa, a partir de 1920, cuando se eligió a Belisario Porras por votación popular.
En la década de los treintas, aunque el panorama se sacudió con la irrupción de Acción Comunal, que en 1931 derrocó al presidente Florencio Harmodio Arosemena, predominaron las corrientes liberales. Tanto a las elecciones de 1932, en que fue electo Harmodio Arias, como a las de 1936, ganadas por Juan Demóstenes Arosemena, del Movimiento Nacional Revolucionario, heredero de Acción Comunal, concurrió una mezcolanza de fuerzas políticas, fundamentadas más en las diferencias entres sus dirigencias que en aspectos ideológicos.
Las elecciones de 1940 las ganó Arnulfo Arias, sin oposición, después de que su contendor, Ricardo J. Alfaro, decidiera retirarse; y cuando se produjo el primer derrocamiento del líder panameñista, las diferentes corrientes liberales volvieron por sus fueros y se repartieron las curules de la Asamblea Constituyente, convocada en 1945, como producto de una transacción para superar la crisis política de la época. Enrique A. Jiménez, líder de la facción denominada “Liberal Demócrata” fue escogido por la Asamblea Constituyente para gobernar el país hasta 1948, cuando se volvió a convocar a elecciones.
A los comicios 1940 y 1948 concurrieron bajo diferentes nombres, una serie de partidos, producto de las alianzas que se estructuraban con el único objetivo de aumentar las posibilidades de sus candidatos. En 1940 Arnulfo Arias fue apoyado por 5 partidos: Nacional Revolucionario, Liberal, Liberal Unido, Liberal Demócrata y Conservador. Ricardo J. Alfaro por 3: Liberal Doctrinario, Liberal Renovador y Socialista.
En 1948 concurrieron 10 partidos, cinco de los cuales eran facciones del Liberalismo, que se presentaron bajo la denominación de Unificación Liberal, con Domingo Díaz Arosemena a la cabeza; Arnulfo Arias, por el Partido Revolucionario Auténtico; José Isacc Fábrega, por los partidos Nacional Revolucionario (PNR) y Renovador; Demetrio Porras, por el Partido Socialista; y Sergio González Ruiz, por Unión Popular. La tendencia a aumentar la cantidad de los partidos políticos llegó a su punto culminante en las elecciones de 1964, a las que concurrió un número record de 19, como producto de la disminución a 5,000 de la cantidad de adherentes necesarios para su constitución.
Por el “golpe de estado” de 1968 desaparecieron todos los partidos. Y después del derrocamiento de la dictadura militar, a partir de 1989, a las elecciones han concurrido cantidades menores a la de 1964. En las del 2009, participaron 7 y actualmente, después de la extinción de uno, el Liberal y la fusión de Unión Patriótica con CD, solo quedan 5: PRD, Cambio Democrático, Panameñista, Molirena y Popular. Y los dos últimos, Molirena lucha por no ser absorbido por CD y el otro por conservar una vigencia más aparente que real, pues su membresía es menos de la mitad de la necesaria para legalizar un partido político. Y ambos podrían desaparecer si prospera una iniciativa que se cocina, tras las bambalinas de las reformas electorales, de exigir como requisito para poder participar en las elecciones del 2014, que los partidos acrediten, antes del inicio del proceso electoral, que cuentan con una cantidad de adherentes igual, como mínimo, a la que se requiere para constituir un partido político, o sea, 64,000 adherentes.
Repitiendo el guión del PRD, que durante su gobierno incrementó su membresía a más de 640,000, los partidos que iniciaron el presente gobierno, se han empeñado en aumentar sus adherentes, fijándose metas similares a las de aquel. Por ello, todo indica que, contrario a la tendencia que alcanzó su pico en 1964, nuestros políticos ahora están obsesionados por crear megapartidos; pero que, básicamente, siguen pareciéndose en sus métodos, acciones y resultados. ¿Es eso bueno para la democracia? Volveré sobre el tema.
