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Dos dolorosas muertes


En el espacio de tres días, nuestra familia, los Galindo, sufrimos dos dolorosas muertes. Se trata del tío “Chencho” (Inocencio Galindo V.) y nuestra muy querida prima Mechi (Mercedes Thayer Galindo).

A mi hermano Gabriel lo llamaban “el tractor” por su energía inagotable y por su incansable lucha a favor de los principios que profesaba. Me atrevería a llamar al tío Chencho, “el roble”. Era sumamente fuerte física y espiritualmente, tenía muy arraigado sus principios, convicciones y una profunda fe en Dios, lo que le permitió soportar con estoicismo los duros golpes que le propinó la vida: la muerte muy prematura de su único hijo Ricardo y posteriormente el fallecimiento de su esposa Mary Quelquejeu, la “Darling”, como él la llamaba siempre. Fue sumamente generoso e hizo grandes donaciones y muchos son hoy día los beneficiados. Todo eso, sus cuantiosas contribuciones, las hizo con gran modestia y discreción. Jamás hizo gala de su generosidad.

Tuve siempre con mis tíos Gabriel y Pedro, pero en especial con Juancho y Chencho, una gran cercanía. Fueron ellos quienes con su ejemplo me inculcaron el gran sentido familiar que siempre tuvieron y que hemos conservado con nuestros descendientes.

Mechi Thayer, mi querida prima hermana, una vez muerta su madre, Analida Galindo de Thayer, continuó siendo el enlace familiar. Siempre estaba ocupada y atenta a toda la familia. Si alguien quería saber de algún miembro del “clan”, nada más había que hablar con ella. Se constituyó en la fuerza moral que unía a la familia.

Los Galindo con sus muchas virtudes y defectos han crecido mucho. Ya hay varias ramas, pero todos -y me atrevo a decir sin excepción- han mantenido ese principio familiar que nos inculcaron nuestros progenitores.