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Dos exclusiones antidemocráticas: un problema ético y académico

Por: Redacción 02/04/2014

Durante la última semana del mes de marzo se dieron diversos eventos, todos los cuales se prestaban para la discusión franca, abierta y comprometida sobre los problemas nacionales. Todos ellos tenían la posibilidad de contribuir de manera docente a lo que el Pacto Ético llama el voto informado, promoviendo la verdadera práctica de la democracia. “Toda la ciudadanía – dice este pacto – en sus distintos espacios de acción e influencia, debe guardar una conducta digna de los más esenciales valores de la democracia, como son… la equidad en la competencia, el respeto a las minorías, la participación en igualdad de condiciones de grupos con desventaja política, la promoción libre de ideas… y el respeto a la voluntad popular expresada en los resultados electorales”.

QUIENES HEMOS EJERCIDO LA DOCENCIA ACADÉMICA SABEMOS QUE LA PEOR TRAICIÓN QUE SE PUEDE HACER A LOS INTERESES DE QUIENES SE FORMAN EN NUESTRAS AULAS ES OMITIR, OCULTAR O INVISIBILIZAR ALGUNA DE LAS FORMAS DE VER UN DETERMINADO PROBLEMA .

Es en este contexto que el 25 de marzo se da el Foro Presidencial de la Universidad del Istmo, del cual se excluyó a los candidatos independientes, caracterizándose por la clara violación del Pacto Ético, del cual esta institución es firmante, así como por la sorpresiva explicación que dieron sus representantes tratando de aclarar su actitud antidemocrática. De acuerdo con esta, el foro, tenía la “connotación de foro académico y no de debate público”. El simple hecho de que el foro haya sido transmitido por diversos medios de comunicación masiva, así como el hecho de que uno de los candidatos excluidos se haya dedicado a la docencia e investigación universitaria durante más de cuarenta años, muestran el carácter de pobre excusa a la actitud antiacadémica y anticientífica de los directivos de la citada universidad.

Todo esto llevó a que el foro de la Universidad del Istmo se convirtiera en un simple intercambio entre los representantes de los partidos tradicionales, todos los cuales han sido parte de la construcción de un modelo en el que las necesidades más fundamentales de la población han sido postergadas en aras de asegurar el beneficio de los sectores económicamente dominantes del país.

Lo más dramático es, sin embargo, que ese mismo día se daba otro foro para vicepresidentes, esta vez en la Universidad Santa María la Antigua (USMA), del cual se excluía, sin que mediara explicación alguna, a los representantes de las candidaturas por la libre postulación. Lo que hace notable este hecho no es que solo violó el Pacto Ético que lleva el nombre de “Pacto Ético Electoral 2014 Santa María la Antigua”, sino que este se realizó en el mismo auditorio en el que la semana anterior todos los candidatos a la presidencia habían firmado dicho pacto, en un acto en el que sirvió como testigo de honor el presidente Jimmy Carter, quien ejerció el cargo de presidente de los Estados Unidos de América.

La situación aquí descrita, por lo que la misma implica para el desarrollo de la educación superior y la democracia, amerita un par de reflexiones sobre su significado. En primer lugar, quienes hemos ejercido la docencia académica sabemos que la peor traición que se puede hacer a los intereses de quienes se forman en nuestras aulas es omitir, ocultar o invisibilizar alguna de las formas de ver un determinado problema. En efecto, si se trata de una educación científica, realizada, para utilizar un concepto de Pablo Freire, como una práctica de la libertad, la educación universitaria debe tomar la forma de un debate abierto a todas las corrientes, de manera que se haga posible que el estudiante desarrolle un pensamiento crítico y creativo. De lo contrario la cátedra se convertiría en un simple mecanismo dictatorial de adoctrinamiento, incapaz de promover el avance de la ciencia. Se trata, desde luego, de una forma de acción que las autoridades no pueden permitir que se siga desarrollado.

En el plano ético, la situación muestra lo arraigado que en nuestro país está la doble moral. ¿Qué ejemplo se le está dando a una juventud por parte de quienes firman un pacto ético para luego violarlo? Más aún, ¿cómo podremos formar para la vida democrática a esos jóvenes cuando se practica abiertamente la exclusión de quienes son, o pensamos que son, minoría?

El aspecto esperanzador de todo esto lo encontramos en la actitud que mostró el Organismo Consultivo Permanente del Pacto Ético, en el que nuestra denuncia no solo fue acogida con atención y respeto, generando un consenso sobre la necesidad de que este organismo actuara no solo criticando la exclusión, sino, además, exhortando a las instituciones académicas a practicar el principio democrático de la inclusión. Gracias a quienes conforman este organismo.

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Viernes 7 de agosto de 2026