Dos señales al final de los tiempos
Para algunos, periodismo es la difusión de todos los males, considerando que la semilla que se plantó en el Paraíso dio frutos malos, (Génesis 6. 5 ) y cuando el periodista sale a la calle se encuentra siempre con el mismo escenario, por un lado caminando el bien y por la otra acera caminando el mal y cuando todos nos cruzamos como en una gran terminal: justos, pecadores, analfabetas, ricos, pobres, predicadores que nos gritan ¡Arrepiéntanse! ni nos inmutamos, tal vez porque las palabras no llegan con la fuerza sentenciosa del reproche, como una vez lo hiciera con sus versos el poeta mejicano Manuel Acuña…; “¡Humanidad Pigmea! Tú, que proclamas la verdad y el Cristo mintiendo caridad en cada idea, tú que de orgullo el corazón beodo, por mirar a la altura te olvidas de que marchas sobre el lodo…,” el lodo: calumnias, persecución, injurias, corrupción, maldad, que la degustamos como Caín saboreó en sus manos la sangre de su hermano y como si eso fuera poco las juventudes claudicantes hacen hoguera alrededor del único versículo bíblico que conocen ¡Creced y multiplicaos! (Génesis 1:28). No es mi propósito discutir aquí quiénes son los hijos de las hormonas y quiénes so los hijos del amor, lo que sí sé es que los hijos del amor casi nunca son noticias.
Se nos presenta un mundo que camina sobre la basura y las excretas, habitantes de una ciudad llamada Patacón, propia de los escenarios apocalípticos del apóstol Juan, siervo de Jesucristo, hijo de Dios, como si la belleza y la dignidad fuesen arrancadas de un tajo del planeta y todos nos dejáramos arrastrar hacia el hoyo negro que conduce al inframundo de las oscuridades.
Y aunque el periodista lo denuncie no hay forma de que con su pluma estremezca la conciencia de la sociedad y la Iglesia atice, con mayor severidad, las llamas del infierno y cese ya con este siglo de excesivas indulgencias o acaso no escuchan las trompetas que suenan como un grito de Jehová ¡Caín, Caín, la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra! (Génesis 4:10). Pero nadie le escucha, nadie le hace caso, hasta que aparecen las señales, las cuales hay que atenderlas con mucho cuidado…… y hasta con escepticismo, “La generación mala y adúltera demanda señal, pero señal no le será dada sino la señal del profeta Jonás.” ( Jesús se refería a su resurrección y según expertos a la generación de su tiempo.).
Me acojo con profundo respeto a lo que dicen las Santas Escrituras, solo relato como periodista dos hechos inusuales, que pasaron a finales del 2015 y principios del 16.
Estaba en la Especializada de la Caja de Seguro Social esperando que bajara el elevador para subir a una cita médica, de repente, me cruza una jovencita no mayor de dieciséis años, acompañada también de su agraciada madre. La adolescente, preciosa como una rosa primaveral que alegra con su perfume la mañana, ¡me sorprendió! Cuando le vi tatuado en el pronunciado escote del hombro izquierdo la figura de Satanás, el mismo que el artista inspirado por Dios presenta en el cuadro de San Miguel Arcángel. Llegó el elevador y la madre y la niña más rápido que ligero entraron. Yo quise detenerlas para preguntarles: ¿niña, qué es esto?. La ascensorista cerró la puerta diciendo, ¡ya no caben más, ya no caben más!. Pero después, por uno de los pisos escuché a una señora decir, ¡Fúchila!, ese elevador huele a azufre!.
Otro día, pensando en la Semana Santa y en lo duro que somos para valorar la muerte de nuestro señor Jesucristo, me decía, … la gente lo único que espera es el Sábado de Gloria, salen corriendo de la procesión para ir a saltar como buenos diablicos en los pindines..., si el mundo no se convence de sus malos pasos se nos cerrarán las puertas del cielo…, y mientras me afeitaba mirándome al espejo, sentí un movimiento raro en el lavamanos que llamó mi atención y al bajar la vista vi cómo en una platina de la cerámica se dibujaba extrañamente el rostro de un varón muy parecido al que inspirados pintores y dibujantes nos han presentado como el rostro de Jesús. ¡Yo no sé!
Periodista