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Duro desmentido


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El desmentido rotundo de la Embajada de España es un duro golpe a la carrera política de Juan Carlos Navarro. A sabiendas de que las instalaciones pertenecen a un centro cultural español, ordenó el montaje de una denuncia basada en una clamorosa mentira. Pretendió presentarse como víctima de un acoso electrónico del Gobierno. Pero ante el tribunal de la opinión pública ha quedado como un inventor de patrañas. ¿Qué persona con dos dedos de frente podría entregarle el voto a alguien así? Una vez más quedan al desnudo las ambiciones políticas de quien se proclama como fundador de un nuevo PRD, pero con las aberraciones del viejo partido que hasta ahora no pide perdón por los asesinatos impunes del padre Héctor Gallego, Rita Wald y otros defensores de los derechos humanos, dentro de una larga y tortuosa historia de felonías sin arrepentimiento ni contrición.

Ya es imposible alcanzar la supervivencia después de los cuatro actos políticos que los pintan de pies a cabeza: la filtración de correspondencia confidencial denunciada por el PP; las amenazas criminales entre candidatos; el reconocimiento de varios correligionarios de una extendida corrupción de mafias de compras de votos, tráfico de drogas y maleantería de la peor calaña.

Poco o nada ha hecho Navarro para limpiar su propio partido. La autocrítica es una expresión desconocida en ese ambiente en el que el juego sucio es una práctica socorrida porque levantar el velo de lo que allí se cuece levantaría un tsunami del que pocos se salvarían. Mentir, mentir es la inalterada consigna de los que se destruyen entre ellos para ganar posiciones y candidaturas sin parar mientes en el fratricidio político.

Los jóvenes que se inscribieron en el partido se deben sentir estafados al comprobar que no hay nada nuevo; que no ha extirpado la maleantería; que, lejos de ello, la conducta de los candidatos mayores y menores demuestra que sigue viva, intacta, infecciosa. Pudieron pensar los jóvenes crédulos que el estilo de Manuel Antonio Noriega había desaparecido.

Sin embargo, sus discípulos que pedían látigo y mano dura siguen las huellas del maestro, repitiendo la turbia época en la que a los civilistas se les acusaba de todo lo siniestro que ellos mismos perpetraban. Estos jóvenes eran niños cuando esos episodios de batalloneros e impostores políticos inundaban las calles de violencia y sangre. Hoy contemplan la restauración de los métodos arraigados en el actuar de los que no entienden ni aprenden las lecciones de la historia panameña.

Resulta vergonzoso que un diplomático extranjero haya tenido que desmentir a un político nacional por la temeridad de un falso y paranoico espionaje. Le pedimos disculpas al embajador español por la inconducta de un candidato desesperado y disparatado que lo pudo llevar a aparecer en una trama de interferencia en asuntos internos. Panamá tiene excelentes relaciones con España, robustecidas en un reciente seminario auspiciado por un importante diario madrileño. No se puede permitir que el protagonismo político irrumpa en estas relaciones. Ya se sabe en qué lado está la mentira y en qué sitio resplandece la verdad. La ética política se ejerce en nombre de arraigados valores morales por encima de pactos efímeros que han sido incumplidos.

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Viernes 14 de agosto de 2026