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Ecologistas pendientes de los arrecifes en aguas australianas


Centenares de miles de activistas han firmado un manifiesto para la creación de la reserva marina más grande del mundo en aguas australianas. Se trata de limitar las licitaciones del Gobierno en proyectos mineros en los fondos marinos, que amenazan los arrecifes de coral, la vegetación y especies animales.

Junto con Canadá, Rusia, Brasil y Sudáfrica, Australia controla materias primas valoradas en 60 billones de dólares y que abarcan casi un tercio del total de las tierras en el planeta. Ahora pretenden llevar a los océanos la explotación en la que han basado su crecimiento económico.

La extracción mineral en los fondos marinos, junto con otras actividades humanas, han acabado con el 19% de los arrecifes de coral, el 15% corre peligro de desaparición en los próximos diez años y otro 20% en los próximos 20 años, según informes del Estado Mundial de los Arrecifes de Coral.

Las imágenes de arrecifes de coral en documentales de National Geographic contribuyen a que mucha gente los considere lujos estéticos de la naturaleza para el deleite de buceadores intrépidos y de exóticos investigadores. Pero la vida palpita en esos complejos y delicados ecosistemas que no se reducen a simples estructuras con formas espectaculares, sino que nutren y dan cobijo a millones de otras especies vegetales y animales.

La desaparición de los nutrientes de los arrecifes y los microorganismos que ahí habitan altera la cadena alimenticia y amenaza el resto del ecosistema marino. Algo similar ocurriría si se extinguieran las abejas y otros insectos, que inician el proceso de polinización por el que se reproducen las plantas. Según algunos científicos, la vida en la Tierra se vería amenazada en semejantes circunstancias.

Los arrecifes también están amenazados por la pesca de arrastre, el cambio climático y la acidificación de los mares, producto de la contaminación del aire por la actividad industrial. Las leyes que protegen los mares no han evolucionado al mismo ritmo que las técnicas pesqueras y de extracción mineral en los fondos marinos, diseñadas para obtener la máxima cantidad de materia prima. Esta mentalidad de “cuanto más, mejor”, para satisfacer a unos mercados insaciables, sacrifica ballenas, delfines, otros mamíferos, tiburones y demás especies atrapadas entre las redes, que luego se tiran por la borda o trituran para alimentar cerdos y otros animales de granja.

Las grandes flotas de arrastre en “aguas internacionales” amenazan las mismas reservas de peces de las que dependen los pescadores artesanales. Los armadores de los países industrializados se aprovechan de Estados fallidos o sin capacidad de patrullar sus costas para maximizar sus beneficios, como sucede en Somalia. Luego llaman “piratas” a quienes defienden su medio de vida. O sobornan a Gobiernos corruptos que miran hacia otro lado en lugar de fortalecer la producción y el comercio locales que favorecen el bienestar de su población. Las aguas territoriales de países empobrecidos y las internacionales sin jurisdicción contienen reservas pesqueras superiores a las que tienen las ya esquilmadas costas europeas y del mundo industrializado.

Parte de este frenesí industrial en plena era digital obedece a carencias educativas en materia medioambiental y a un modelo económico que hipoteca la vida de las futuras generaciones en nombre del crecimiento económico. Los ríos, los mares, las montañas, las plantas y los animales tienen un valor que va más allá de lo económico, porque son la esencia de la vida. También de la humana. ccs@solidarios.org.es

Periodista, coordinador CCS.