Economía, crecimiento y concentración
Hace apenas unos días los sectores dominantes, tanto de gobierno como de la supuesta oposición, celebraban con alborozo que el nivel de crecimiento de la economía había alcanzado en 2012 una tasa del 10.7%. Esto, además, se presentaba como un triunfo de la política económica practicada por los diversos gobiernos que regentaron al país después de la invasión de que fue víctima la nación en diciembre de 1989.
Desde el punto de vista de la población se trata, sin embargo, de un esquema de crecimiento que ha estado lejos de resolver sus problemas más acuciantes. Es así que, pese las altas tasas de crecimiento económico en los últimos años, la participación de las remuneraciones de los asalariados en el producto interno bruto (PIB) se ha visto mermada desde 37.8% en 2000 a tan solo 29.8% en 2011. Esto significa que, a causa de este deterioro de la distribución del ingreso, los trabajadores asalariados panameños pierden cerca de $2,505.3 millones anuales. Si bien es cierto que parte de la reducción del coeficiente remuneraciones-PIB se puede deber a razones cíclicas, lo cierto es que la presión negativa sobre los salarios y su retraso frente al progreso del producto resulta ser la causa principal. Esto se evidencia si se tiene en cuenta que, de acuerdo a las estadísticas de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el caribe), el salario medio real del asalariado panameño, es decir la capacidad de compra de la remuneración media de este tipo de trabajador, mostró en 2011 un nivel inferior en 15.7% al observado en el año 2005.
Un elemento importante para comprender la situación antes descrita se vincula con el hecho de que una buena parte del excedente generado en el país es captado por el capital externo, lo que promueve que los sectores dominantes internos presionen intensamente sobre los salarios con el fin de trasladar los efectos de estas pérdidas hacia los asalariados, a fin de asegurar su propia rentabilidad.
Es así, para comenzar, que las remisiones netas de rentas (ganancias) al exterior, alcanzaron entre 2007 y 2011 una notable suma equivalente a $7,974.2 millones. Solo en el año 2011, esta salida de beneficios del país alcanzó a los $1,896, cifra que resulta ser equivalente al 20.1% del total de las remuneraciones de los asalariados para ese año.
La pérdida de excedentes con el exterior, la cual, como hemos señalado, impulsa a que los sectores dominantes locales presionen las remuneraciones de los asalariados hacia la baja, también guarda relación con el desarrollo de relaciones comerciales desiguales con el resto del mundo. Se trata, en este caso, de un fenómeno que se expresa en el deterioro de los precios de intercambio, es decir en una pérdida relativa del precio de nuestras exportaciones de bienes y servicios en relación al precio de nuestras importaciones de bienes y servicios.
De acuerdo a estadísticas de la Cepal, la llamada relación de precios de intercambio de nuestro país se vio reducida en aproximadamente 6.1% entre 2005 y 2011, lo que significó que una parte del esfuerzo por elevar nuestra productividad fue a parar al exterior. Para el año 2011, esta pérdida se calcula en $1,467 millones de poder adquisitivo de 1996.
En este contexto, es útil recordar que uno de los mecanismos básicos que han permitido que los sectores dominantes -quienes actúan como aliados subordinados del capital transnacional- hayan logrado descargar los efectos de las relaciones económicas desiguales externas sobre los trabajadores asalariados ha sido el proceso inflacionario observado en los últimos años. Es así, por ejemplo, que mientras que el precio de la canasta básica alimenticia del Ministerio de Economía y Finanzas se elevó en 5.1% entre diciembre de 2011 y diciembre de 2012, en el mismo periodo de tiempo, el índice de precios de los bienes alimenticios a nivel mundial se redujo, de acuerdo a la FAO, en 0.44%.
La especulación comercial resulta ser así uno de los mecanismos fundamentales para la desposesión de los asalariados. Este mecanismo se ve reforzado por la presencia de una amplia masa de trabajadores precarios, los que, más allá del desempleo absoluto, constituyen una sobreoferta relativa de fuerza de trabajo, la cual actúa como un peso muerto sobre los niveles salariales. No menos importante es la presencia de una legislación laboral deteriorada, cuya aplicación por las actuales autoridades solo puede ser calificada de antiobrera.
Nos encontramos, entonces, frente a un modelo concentrante y excluyente. La lucha por la justicia social debe ser uno de los elementos claves del proyecto de los sectores patriotas independientes.