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Economía, desigualdad y democracia

Por: Redacción 11/11/2015

La sociedad panameña se caracteriza, como es sabido, por una enorme desigualdad económica. Es así que, de acuerdo con datos de la Cepal para el año 2013, mientras la mitad de la población más pobre del país recibió el 15.8% de los ingresos totales, los habitantes más ricos, que representan apenas una décima parte de la población, acapararon el 40.6% de dichos ingresos. Se trata, vale la pena añadir, de una dura realidad que se ha mantenido incólume, pese a las altas tasas de crecimiento observadas recientemente, lo cual se confirma si tenemos en cuenta que, de acuerdo con la misma fuente, durante el año 2004, los porcentajes bajo análisis fueron de 14.6% y 40.8%. Esto deja claro la inoperancia que para Panamá tiene la llamada hipótesis del rebalse, la que postula que el crecimiento corrige de manera espontánea las inequidades en la distribución del ingreso.

La desigualdad económica tiene importantes consecuencias, y la más evidente y significativa es la que tiene que ver con las carencias y limitaciones dentro de las que tienen que vivir los sectores más desfavorecidos de la población. Esta, sin embargo, no es la única consecuencia de la sesgada distribución del ingreso.

La excesiva concentración del ingreso, tal como lo han señalado diversos autores, tiende a generar una reducción de la demanda efectiva agregada, lo cual limita el tamaño del mercado interno, así como de las actividades económicas que se pueden desarrollar con base en el mismo, tal como es el caso de la agricultura dirigida a la seguridad y soberanía alimentaria. Esto se debe a que la propensión al consumo de las personas de más bajos ingresos, quienes tienen que satisfacer necesidades básicas, es superior a la de los más altos ingresos, quienes pueden prácticamente consumir lo que quieran y tener todavía una capacidad de ahorro significativa.

En relación con la democracia se puede señalar que la alta concentración de los ingresos facilita la conformación de una estructura política plutocrática. El problema aquí reside en el hecho de que la concentración del poder económico se utiliza para convertirse, gracias al sistema electoral vigente, en un poder político consolidado, el cual pone al Estado y sus recursos al servicio de la acumulación de capital de los sectores económicamente dominantes. Aparece así la llamada acumulación por desposesión y corrupción que hoy caracteriza a nuestra realidad. En este tipo de economía en la que la llamada búsqueda de rentas, es decir, la rapiña de los fondos públicos, se convierte en el mecanismo fundamental, la innovación creativa que constituye la base del verdadero desarrollo sostenible simplemente desaparece.

...EL ACTUAL DISCURSO DE LOS GREMIOS EMPRESARIALES QUE EXIGE INCREMENTOS EN LA PRODUCTIVIDAD, PERO QUE NO PROPONE NINGÚN TIPO DE POLÍTICA DESTINADA A CORREGIR LA PROFUNDA FALTA DE EQUIDAD EXISTENTE, CONSTITUYE UN SIMPLE MECANISMO IDEOLÓGICO CARENTE DE BASE CIENTÍFICA, DESTINADO A JUSTIFICAR UNA POSICIÓN INSOSTENIBLE.

Entre los analistas más importantes vinculados al enfoque de la economía del comportamiento, tal como es el caso de George Ackerlof, quien obtuvo el premio Nobel en ciencias económicas en el 2001, han llegado a la conclusión de que la percepción de equidad es un factor fundamental en la determinación de la productividad. Es así que, de acuerdo con la llamada Teoría de los Salarios de Eficiencia, la percepción de una situación de falta de equidad por parte de los trabajadores se expresa directamente en una baja de su productividad. Es en este sentido que el actual discurso de los gremios empresariales que exige incrementos en la productividad, pero que no propone ningún tipo de política destinada a corregir la profunda falta de equidad existente, constituye un simple mecanismo ideológico carente de base científica, destinado a justificar una posición insostenible.

Los economistas de la corriente neoestructuralista, entre quienes se destaca Douglas C. North, han venido insistiendo en que la confianza entre los actores sociales constituye un elemento clave para el adecuado funcionamiento de la economía. En ausencia de dicha confianza, en la que reina la incertidumbre, los llamados costos de transacción (costos de utilizar los mercados) se hacen muy elevados, reduciendo el nivel de inversión y actividad económica. Sin entrar a evaluar esta corriente de pensamiento, lo cierto es que, como lo ha propuesto recientemente Joseph Stiglitz, en las sociedades altamente desiguales y diferenciadas resulta menos probable una acción social conjunta guiada hacia la consecución de metas nacionales, lo cual, tarde o temprano, limita las posibilidades del desarrollo sostenible.

A final de cuentas, el tipo de inequidad económica existente en Panamá no solo resulta ser una lacra social, sino que también constituye un hecho que atenta contra el desarrollo de una democracia profunda, el cual tiene, además, graves consecuencias negativas para el desenvolvimiento económico del país. La lucha por la equidad es, entonces, una pieza clave en la búsqueda del desarrollo nacional.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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