Ecuador. Un día para recordar
La escena política ecuatoriana estuvo agitada los últimos meses, sin embargo, nada anticipaba la tormenta política que desencadenó la revuelta que protagonizaron efectivos de la Policía. La confusión fue el signo de los acontecimientos, pero no cabe duda que el motín policial cambió la calidad de la protesta legítima. Se transformó en un acto de insubordinación contra las autoridades a las que debe obediencia, por mandato de la ley.
Lo que pasó en el Comando Policial y en el Hospital Militar de Quito le hizo daño a la democracia latinoamericana. Sin duda. Trajo de vuelta los fantasmas de la inestabilidad y la incertidumbre y debilitó el consenso interno sobre las reformas que se llevaban adelante.
Confirmó que la institucionalidad democrática en el Ecuador, como en otros países andinos, es todavía frágil. El debate y la concertación parlamentaria fueron desbordadas por la protesta callejera.
No todo fue malo, sin embargo.
Las Fuerzas Armadas cumplieron su misión constitucional, sin vacilar. La ciudadanía expresó su respaldo al orden institucional.
La reacción del sistema hemisférico y sudamericano mostró que se habían aprendido las lecciones del golpe de Honduras. La movilización fue instantánea. Perú y Colombia cerraron sus fronteras en señal de rechazo a cualquier intento golpista. La OEA aprobó, por unanimidad, una resolución de condena a pocas horas de los sucesos. Los presidentes de UNASUR se autoconvocaron de emergencia, antes de que terminara ese día, en Buenos Aires. José Miguel Insulza y los cancilleres sudamericanos visitaron personalmente al presidente Correa, en la mañana siguiente, para dar testimonio físico de la solidaridad continental.
La OEA y UNASUR convergieron en el mismo propósito. Es probable que, en caso de consumarse el golpe de Estado, ambas organizaciones hubieran tenido que juntar fuerzas para revertirlo. UNASUR con la contundencia de su voluntad política. La OEA con la fuerza del instrumental jurídico de la Carta Democrática Interamericana.
Esas acciones fueron un factor disuasivo crítico, y quedaron como advertencia para futuros conspiradores, sobre lo que deben esperar de todos los gobiernos e instituciones del continente, de izquierda y derecha.
Las iniciativas que se tomaron en el Ecuador son un paso enorme en la dirección correcta. Pero quedan otros. Menciono un ejemplo. La Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, con el voto afirmativo de conjueces convocados para hacer quórum, declaró inaplicable el artículo de la Constitución que prohíbe la reelección consecutiva del Presidente.
¿La comunidad internacional tiene algo que decir?
