Educación cívica, higiene y estética
La educación cívica debe tener como objetivo el preparar al futuro ciudadano para el cumplimiento de los deberes y para el ejercicio de los derechos democráticos y, especialmente, el preparar a cada individuo para la vida social desarrollando en él el espíritu de cooperación, el interés por el bien público, la generosidad y el sacrificio del egoísmo individual. Es indispensable la explicación de la forma como se halla constituida nuestra sociedad civil, el engranaje y la correlación de los distintos poderes públicos; las normas constitucionales que garantizan los derechos civiles y sociales y, especialmente, la independencia de criterio y la honradez en el ejercicio del sufragio.
Como la biología, la higiene debe tener como fin primordial la defensa y vigorización de la salud. Es aspecto fundamental de ella la creación de hábitos de vida sana; por lo tanto, el aspecto personal, la limpieza del hogar y la lucha contra los vicios. La formación sobre el valor y aprovechamiento de los agentes naturales (sol, aire, agua) en la renovación de las energías vitales. La teoría de la higiene nada vale sin la práctica de ella; por lo tanto la preparación de las clases para una existencia más pulcra, debe empezar por hacer que el maestro o la maestra viva pulcramente.
La contemplación de la belleza ennoblece el espíritu, predispone a la generosidad de los sentimientos y aleja por tanto del mal. Es importante saber conservar en nuestro pueblo el romanticismo que lo hace amable y dinámico. La educación estética ha de inculcarse por variados modos y obrando en campos distintos. Por la contemplación de la naturaleza en lo que ella tiene de armonioso y de grato para que el ciudadano ame al campo y el paisaje que lo circunda, no solamente por lo que materialmente le ofrenda y facilita, sino por el regocijo que lleva a su espíritu.
Pero también ha de señalarse la estética de la acción y del trabajo, y lo que de bello entraña las grandes empresas de los conquistadores, de los padres de la patria y de los fundadores de la nacionalidad. En este campo, la interpretación histórica brinda un hermoso plano de exploración. La educación del buen gusto se hará por la contemplación y las críticas de las obras de arte, de los monumentos, de los parques y los jardines, por la proyección de reproducciones de las obras de los grandes maestros, por la audición de música escogida, por la lectura de bellos poemas, etcétera.
Pedagogo, escritor, diplomático.