Educación, esa palabra que no da réditos
Panamá terminó el 2011 con unos índices de crecimiento económico envidiables. Y el futuro es prometedor. Pocos países de la región, quizás ninguno, han consolidado su economía de forma tan sólida como Panamá en los últimos años.
Los pilares mediante los cuales se apoyan los números positivos permiten pronosticar que en el 2012 y los siguientes años, la situación no cambiará.
Pero la única posibilidad de que el país derrame este crecimiento a todos sus ciudadanos será mediante el impulso, definitivo y sin demoras, de un sistema educativo sólido, que promueva la igualdad y el desarrollo.
Ningún país ha dado un salto cualitativo y cuantitativo sin antes invertir en educación. Esa es nuestra gran cuenta pendiente. Si el gobierno de Ricardo Martinelli quiere dejar un legado, deberá ser ese, y no otro.
El verdadero desarrollo no vendrá de la mano de grandes obras públicas, ni de becas, ni la distribución de subsidios.
Pero ocurre que la educación no da dividendos políticos a corto plazo, ni a mediano. La educación no “impacta” en la imagen positiva de ningún gobierno. Ni aquí, ni en cualquier otro país. Por eso, es mejor impulsar o invertir en otras áreas que son más visibles, más “vendibles”.
Pero si no se entiende -y pocos lo entienden- que los países desarrollados primero transformaron su sistema educativo, el crecimiento de la economía será solo coyuntural, y se perderá la oportunidad.
Y en una región en la que las oportunidades escasean, y todo se hace más complicado, la única forma de dar ese salto es con una política de Estado en educación, que trascienda los gobiernos.
La clave es sacar, justamente, a la política de los asuntos educativos. Fácil de escribir, muy difícil de llevar a la práctica. Pero ojalá entendamos todos que el camino del verdadero progreso tiene ese norte. Ojalá que 2012 sea el año de la educación.
