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Educación impartida en nuestras escuelas

Por: Redacción 06/10/2014

Un autor califica nuestra educación como “pedagogía de la saliva y de la sumisión”. Los maestros y profesores se limitan a transmitir un saber especializado, del cual el alumno no siempre capta su utilidad y sentido, situación en la cual los educadores deben recurrir con frecuencia a su autoridad para exigir la atención del curso, lo que acarrea la pasividad del alumnado.

El sistema está en contra de la posibilidad de que los niños y jóvenes se expresen plenamente. Hemos creado dos armas de un poder casi limitado para destruir la originalidad. Se trata de mecanismos perfeccionados por siglos y cuya efectividad y sencillez son asombrosas: la monotonía a la que sometemos al niño desde que entra al sistema escolar y la dispersión sistemática que sufre su inteligencia en aras del número de ramos y de la “cultura general”.

Son unos doce años en que el timbre, la clase, el recreo, el cuaderno, el uniforme y el esquema completo se repiten hasta el cansancio. Cuadros sociales rígidos, actitudes pasivas, orden artificial y un ambiente en que la originalidad es distractora. Son años y años en los que triunfan los que se adaptan, los que dejan su personalidad escondida o que sustituyen la propia por la exigida.

Diversos estudios efectuados en los últimos años muestran que esta monótona rutina, este esquema gregario y masivo de educación aniquilan la creatividad de los estudiantes. Paradójicamente, sea porque los profesores temen a los estudiantes rebeldes o porque restringen a los alumnos brillantes, el hecho es que muchos maestros se sienten inseguros cuando los alumnos buscan respuestas por su propia cuenta.

Respecto a lo que anteriormente se denominaba dispersión sistemática, cabría señalar que estamos acostumbrados a un tipo de educación que tiende principalmente a la aplicación de la reproducción de los conocimientos ajenos. En vez de enriquecer la educación, diversificando experiencias, se aumenta el número de asignaturas y de conocimientos. Vale repetir, si las escuelas cultivan preferentemente este tipo de actividad cognitiva (reproductora), día tras día durante un periodo de diez o más, los estudiantes que abandonen estas escuelas serán inevitablemente de tipo pasivo, capaces de explicar el mundo de una u otra forma, pero no debidamente preparados para transformarlo de una manera creadora.

Con todo esto nos quedamos con una educación que se contradice a sí misma. Por enseñar demasiado, no enseña a aprender; por poner en manos del educando toda la cultura de la humanidad, lo hace incapaz de hacer cultura; por querer prepararlo cuidadosamente para la vida de adulto, mata su vida de niño o de joven.

En contraposición es necesario destacar la importancia de la participación de los alumnos en su propia educación, considerándose los intereses de los estudiantes y aceptando su exigencia natural por algo que tenga un sentido para su formación. Su actividad no puede reducirse a una “clase activa” que ha sido preparada y será evaluada por el maestro; la exigencia de participar y de diálogo debe hacerse también presente en la planificación curricular y en la evaluación.

De lo contrario, crecerán los legítimos brotes de rebeldía y protesta que surgen por doquier y que, tal vez, no son otra cosa que signos alentadores de que la juventud luchará por entregar su palabra y su aporte, pese a la sordera de la sociedad. La prensa hace su causa de la denuncia escandalizada de grupos de jóvenes que buscan en las drogas “el vuelo” para su originalidad, pero menos frecuentemente si se ha estimulado un camino más sano a esta actividad juvenil o si, por el contrario, ha sido controlado por la educación escolar y por los mismos medios de comunicación que hoy condena este hecho.

Lo anterior hace que se esté dando una educación fuertemente individualista. Los alumnos al no afrontar ni resolver ningún problema del colegio, no se sienten solidarios con él. No se preocupan por su comunidad ni aprenden el sentido del compromiso con la sociedad en la que viven. La vida escolar transcurre en un marco en el cual cada uno se forma (o no se forma) separado de los demás.

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Jueves 6 de agosto de 2026