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Educación nacional en crisis


Si las últimas décadas del siglo pasado encontraron a la educación en dificultades, la primera década del siglo XXI la encuentra en una profunda crisis. Pareciera que los estudiantes están en abierta rebelión contra instituciones y prácticas que consideran inhumanas. Los maestros exigen aumentos salariales y que se ponga fin a ciertas condiciones que conceptúan opresivas. Los padres de familia dudan con franqueza que los educadores sepan lo que están haciendo. Los ministros (o ministras) de Educación, designados por influencia política o por mera simpatía del Presidente de la República (carentes de serena exposición de los contornos y alcances de una política educacional de Estado, orientada hacia lo popular y hacia lo panameño), han resultado ser los ejecutores más desacreditados y deficientes de la educación panameña últimamente.

Aun cuando se escuchan algunas voces que instan a volver a las prácticas educativas tradicionales “básicas”, el clamor predominante reclama una forma de educación integral más humanística. Algunos educadores han comenzado a buscar los medios de romper la rigidez y la falta de sentido a muchas prácticas, y en su búsqueda han descubierto programaciones flexibles, enfoques con medios múltiples, proyectos de programas de estudios orientados al descubrimiento y enseñanza en equipo.

Pero la mayoría de estos intentos por humanizar la educación se han enfocado al contenido o a la estructura y han ignorado el proceso mediante el cual se produce un aprendizaje con relevancia que, a nuestro entender, es la interacción con otros seres humanos. Las prácticas educativas tradiciones, así como algunas innovaciones, tienden a desalentar la interacción. Hemos visitado escuelas de exuberante equipo audiovisual, pero con maestros que carecían de habilidades que les permitieran trabajar en forma cooperativa para compartir ese equipo.

Llamamos la atención hacia el elemento clave de un aprendizaje significativo, que parece estar ausente en tantos de los intentos por cambiar la educación panameña: el hecho de que la educación es esencialmente un proceso social. Consideramos que la interacción humana es el ingrediente más importante en la educación, y que las prácticas académicas han de elaborarse con miras a incrementar la interacción en vez de suprimirla. Nuestro parecer se basa en tres principios fundamentales: la educación es un proceso social, el aprendizaje con significado se produce mediante la interacción humana, y la educación debe involucrar el conocimiento y la comprensión del sujeto por sí mismo.

Cuando se enfoca la educación desde este punto de vista, se hace evidente que lo que sucede entre el maestro y el alumno es más importante que la cantidad de materia que se abarca. Sostenemos que las funciones básicas de los maestros y profesores consiste en dedicarse a relaciones interpersonales que sean sanas y productoras de desarrollo y en proporcionar ambientes que promuevan este tipo de interacción para los alumnos.