Educación nacional, 'en estado de coma'
Es de conocimiento público, más allá de lo que dicen las supuestas autoridades del Ministerio de Educación, que la educación nacional permanece en "estado de coma" desde hace más de una década (2004-2017). Las supuestas autoridades burocráticas-vegetativas del Meduca la conforman en la actualidad: el presidente Juan Carlos Varela; la ministra de Educación titular, Marcela Paredes de Vásquez; ministra de Gabinete, María Castro; Carlos Staff, y un tercero aún desconocido, viceministros de Educación; directores nacionales y regionales y más una treintena de "asesores". Estar en coma es un estado extremadamente grave en que el paciente (en este caso, la educación panameña), ha perdido el rumbo, lucidez y sus propósitos fundamentales. El "coma" pudo ocurrir por complicación del Sistema Educativo Nacional que impide su normal funcionamiento y la eficacia de sus resultados.
El lunes, 6 de marzo, sin embargo, se inicia oficialmente el año lectivo 2017, según ha informado oficialmente el Meduca a la comunidad nacional. Es preciso comprender --lo hemos repetido muchas veces-- que la educación es un problema nacional que no puede ser patrimonio de ningún grupo o partido político y que, para satisfacer las aspiraciones de ciertos grupos que se juzguen legítimas en nuestra democracia, hay caminos menos costosos que el que ha llevado a la parálisis de nuestro sistema educativo.
En un país maduro en lo político, la educación interesa, con razón, a todos los sectores nacionales, y las grandes líneas de su orientación deben reflejar un entendimiento razonable de los diversos puntos de vista de un consenso fundado en las consideraciones superiores del futuro de la nación. La orientación y la estructura del sistema escolar necesitan responder, además, aun en sus detalles, a las necesidades del desarrollo social y económico.
Estos requisitos indispensables de una política educativa eficaz suponen tener en cuenta, por una parte, las aspiraciones comunes de todos los sectores de la opinión pública en lo que a educación de sus hijos se refiere y, por otra, realizar una estimación objetiva del estado actual de las perspectivas de todas las regiones del país. Estos requisitos se cumplen en el planeamiento integral de la educación considerada como problema nacional, por encima de intereses de grupos restringidos, sean ellos partidistas, doctrinarios o burocráticos, y cuya solución debe fundarse a la vez en las aspiraciones comunes de toda la nación panameña y en un estudio objetivo de la situación actual y de las expectativas de esta.
El planeamiento integral de la educación aparece como el único medio de romper el círculo vicioso que ha estancado nuestro progreso en los últimos años, y de formular y aplicar las soluciones técnicas exigidas por la etapa que vive el país. Es alentador comprobar, empero, que en esta posición concuerdan no solo técnicos, sino también todos los sectores de la opinión, aun los más conservadores, que, de un tiempo a esta parte, se han persuadido de la eficacia del planeamiento como método para afrontar las tareas del desarrollo.
¿Qué falla en nuestro sistema educativo? La sociedad panameña tiene conciencia plena de que las cosas no van bien y exige un pacto de Estado que libere el sistema educativo de los embrollos de la política, mejor dicho, la politiquería. Un mejor sistema educativo deja de interesarse tanto en calificaciones y se interesa más en el desarrollo de los individuos como persona.
*Pedagogo, escritor, diplomático.