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Educación panameña

Por: Redacción 16/12/2015

Hasta cuándo veremos cómo nuestra educación va en un descenso, en vez de avanzar hacia un futuro prometedor. Qué clase de estudiantes están formando nuestras aulas. Quizás hombres y mujeres mediocres deseamos que nos gobiernen cuando los adultos de este siglo ya nuestras fuerzas no nos den para trabajar. Estos jóvenes no tienen vergüenza, no respetan nada ni a nadie, será que los hemos consentido tanto que se creen los dueños del universo o no les hemos puesto parámetros y barreras, mano fuerte, que ellos creen que pueden hacer lo que bien se les venga en gana.

Los noticieros presentan una noticia en la que un estudiante le falta el respeto a su profesor, a sus compañeros, y para él es gracia lo que está haciendo, será que estamos creando trabajadores de circo.

A los maestros y profesores, hace unos años, se les reconocía como un pilar, persona a la que se le respetaba hasta podíamos decir que la palabra de un maestro era ley, no nos atrevíamos a mirarlos a la cara cuando nos regañaban. Hoy día vemos a niños, adolescentes, jóvenes que hacen de los adultos lo que les venga en gana, nos bailan en la cabeza y debemos aplaudir sus gracias. Pero pensemos un poco cuándo cambió este sistema, qué hicimos mal para que nuestra juventud entre en el desenfreno, pues es tan fácil como decir que dos más dos son cuatro, los culpables de esta situación somos nosotros mismos los adultos, los padres y las autoridades.

Los padres somos demasiado complacientes con ellos y nuestra política de que mi hijo no va a pasar los páramos que yo pasé, así creamos a los vagos de hoy llamados en nuestros días "Ninis" que no trabajan ni hilan, más bien todo se les da en bandeja de plata para que los pobrecitos no pasen necesidades, y las autoridades tienen su granito de culpa, ya que no crean leyes para los menores de edad, que sí son capaces de cometer un delito, entonces son capaces de pagar su condena como adultos, cuánto daño les hacemos a nuestros jóvenes con estas leyes de que no se les puede regañar, no se les puede suspender de los colegios por sus faltas y nos hemos vuelto los adultos apapachadores y permisivos de este siglo.

Hasta que no nos pongamos los pantalones y las faldas y nos amarremos la correa, ellos harán de nosotros los adultos lo que les venga en gana y no nos quedará más remedio que reírnos de las gracias de nuestros trabajadores de circo, porque al parecer, esta es la nueva carrera que estamos impartiendo en nuestras aulas. Padres y autoridades, nosotros los criamos a ellos no ellos a nosotros, así pues, busquemos las estrategias beneficiosas para esta juventud y anulemos las leyes que más que proteger al menor le dan libertad para escoger su boleto gratuito al despeñadero.

Saludos y bendiciones.

Educadora

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