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Educación por competencias

Por: Redacción 16/09/2013

Jesús A. López Aguilar (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Cada cierto tiempo surgen de manera algo “novedosa” conceptos que se convierten en ideas cuasi sagradas; en los últimos años ese lugar lo ha empezado a ocupar algo que muchos “expertos” en el tema educativo denominan como “Educación por competencias”, y debido a ello también han surgido una serie amplia de ficciones y falsedades a partir del currículo, fundamentadas en las competencias planteadas por algunos organismos internacionales como el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Usaid, Unesco, Cepal y otros, con el expreso propósito de neutralizar las posibilidades de industrialización de los países del tercer mundo, apresurando el exterminio laboral.

El eje principal de la formación estructurada por competencias es el llamado desempeño, el cual debe ser entendido como el uso que el sujeto hace de lo que sabe o conoce. Lo importante no es la posesión de determinados conocimientos, sino el uso que se haga de ellos. Este criterio ha servido de motivo para que las instituciones de diferente nivel en nuestros países acepten la imposición de reformas curriculares sin la necesaria reflexión y crítica.

Ajustar la formación de nuestra gente al logro de aquellas competencias que restrinjan su camino al contacto con tecnologías que los lleven a una auténtica industrialización liberadora y la formación de capital humano, cuyo control ahora se reservan las grandes transnacionales que día a día llegan más a Panamá, resulta un objetivo indesligable de los propósitos de llegar a vivir en sociedades más libres y plenas de verdad.

En muchas ocasiones me parece advertir que en las “competencias” hay un rasero de hasta dónde les está permitido llegar a las poblaciones. Una persona habitante de países como el nuestro (aunque nos digan que somos ricos) debe limitar sus conocimientos, habilidades, actitudes y cualidades personales a las llamadas “competencias” que la habiliten para ser funcionalmente productiva y eficazmente útil dentro del orden establecido por las instituciones financieras y sus socias, las grandes corporaciones transnacionales.

Algunos de estos últimos mitos son el del “crecimiento económico con inclusión social”, “sin inversión extranjera no hay desarrollo”, “necesitamos del capital extranjero”, “solo la empresa privada produce riqueza y genera fuentes de trabajo”, “pertenecemos a la sociedad del conocimiento”, “necesitamos de la tecnología de los países industrializados”, “vivimos la era de la sociedad red”, “somos parte del mundo globalizado”. ¿Les suena familiar?

Quedamos pocos que pensamos que esto es otro engaño más, lleno de retórica y estereotipos. Convertirse en alguien “competente” es concebirse como alguien que forma parte de esa fanatizada sociedad del conocimiento, en la que a cada uno le está asignado un rol específico en beneficio de “la humanidad”, del actual orden mundial.

Hemos de instruirnos para desempeñarnos de modo “eficiente” para “ser más útiles” al mundo globalizado. Esto envuelve desplegar nuestras “capacidades” en función de la división establecida entre países productores de materias primas para la exportación, y países que, después de llevarse nuestras riquezas, nos devolverán progreso y bienestar. Esto lo podemos ver en los supermercados, en las grandes tiendas de ropa, de artefactos para el hogar, o al mirar cómo crece la ciudad con sus enormes edificios, lujosos hoteles, casinos, restaurantes, bancos y oficinas de servicios donde nuestras competencias pueden ser puestas a prueba.

Bajo este criterio, para determinar si un individuo es competente o no, debe tomarse en cuenta la realidad empresarial o laboral en la que ponga a prueba su desempeño, en lugar de la realidad social y su contexto.

Algunos pueden objetar diciendo que este no es más que un juego de palabras, en tanto, toda realidad empresarial es al mismo tiempo una realidad social y su contexto.

Sin embargo, esto no es así. La realidad empresarial de nuestros pueblos es la realidad planteada por los negocios atribuidos desde fuera de nuestros territorios para generar ganancias que sirven a procesos de acumulación de capital, igualmente fuera de nuestras fronteras. No se reinvierte en industrias nacionales de valor agregado que permitan la acumulación de riqueza y garanticen una mejor y más equitativa distribución de la misma y su sostenibilidad.

Los ingresos (sueldos y salarios) que percibe la masa trabajadora apenas sirven para el consumo cada vez más compulsivo y que sobreenriquece a las grandes empresas comerciales de marcas internacionales.

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