Educación superior e investigación científica: una tarea pendiente
Recientemente se publicó el informe anual “Academic Raking of World Universities”, que elabora la Universidad Shanghai Jiao Tong, clasificando las 500 mejores universidades del mundo con base en criterios estrictos como lo son: el número de publicaciones en revistas de alto impacto, los premios Nobel y las medallas Field que han recibido sus profesores y graduados, el número de investigadores altamente citados y el número total de publicaciones indexadas.
Como en años anteriores, las universidades norteamericanas y europeas lideran estas listas, algo que no es sorprendente, dada la enorme inversión económica de estos países en materia de educación superior, investigación y desarrollo científico. En esta clasificación solo aparecen 10 universidades latinoamericanas, entre las que destacan las Universidades de Sao Paulo, la de Buenos Aires y la Nacional Autónoma de México, ocupando el primero, segundo y tercer lugar, respectivamente, en nuestra región.
Estos resultados contrastan con la realidad de las universidades centroamericanas, ausentes en los principales análisis de calidad universitaria cuando se utilizan criterios internacionales de competitividad. El reciente proceso de evaluación de la calidad de la educación superior, por parte del Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá, reveló que una de las principales debilidades de nuestro sistema universitario es precisamente la escasa investigación científica y producción intelectual. Esta situación obedece a diferentes factores, entre ellos el bajo número de docentes con doctorado y entrenamiento posdoctoral, limitados fondos para llevar a cabo tareas de investigación, escasos laboratorios equipados adecuadamente, salarios poco competitivos y la falta de reconocimiento por parte de la sociedad y del Estado, de la importancia de la investigación científica como herramienta para el desarrollo del país.
Existe una relación directa entre la productividad científica e intelectual de una universidad y la calidad de la educación que ofrece, medida como la capacidad que tienen sus egresados de poder insertarse con éxito en el mercado laboral tanto a nivel nacional como internacional. Diversos análisis indican que una proporción importante de los estudiantes graduados en nuestras universidades carecen de las habilidades necesarias para desenvolverse apropiadamente y se predice además que en los próximos años se generará una gran cantidad de puestos de trabajo en el país, para los que en este momento no hay recurso humano suficientemente cualificado.
Esta problemática ha sido identificada por el Estado desde hace unos años. Es por ello que desde el año 2003, el Gobierno ha invertido millones de dólares en la formación de recurso humano a nivel de licenciaturas, posgrados, maestrías, doctorados y entrenamientos posdoctorales en diversas universidades alrededor del mundo. Estos programas de becas han sido coordinados por el Ifarhu y la Secretaría Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación (Senacyt).
En un estudio recientemente publicado (Romero y Quental, 2013. Health Research Policy and Systems) se mostraban datos que indican que entre el año 2006 y 2012, Senacyt había becado a 896 panameños, de los cuales 328 habían finalizado sus estudios. Estos datos nos sugieren que en la actualidad hay en el país un número importante de profesionales altamente capacitados y que podrían contribuir a mejorar la situación actual. Esta realidad nos lleva a preguntarnos: ¿cómo lograr entonces que nuestras universidades sean más competitivas, al menos a nivel regional? Para responder a esta pregunta, necesitamos que los principales actores de la educación superior en Panamá, es decir, las autoridades de las distintas universidades, Senacyt y el Ifarhu, trabajen de manera coordinada para:
1- Favorecer la incorporación del mayor número posible de investigadores que están regresando al país, a las universidades públicas o privadas, para que puedan llevar a cabo labores de docencia e investigación.
2- Activar el programa de inserción de exbecarios de Senacyt, ampliar su duración y aumentar los fondos de esta iniciativa.
3- Incrementar las convocatorias y recursos económicos para financiar proyectos de investigación en todas sus modalidades de manera sostenida en el tiempo, como una política de Estado que promueva la creación de grupos y líneas de investigación.
4- Impulsar la creación de programas de maestría y doctorado en nuestras universidades y becas para los estudiantes.
Como nación nos enfrentamos a un desafío importante y complejo. No obstante, tenemos una oportunidad única de llevar a cabo los cambios estructurales en nuestro sistema de educación superior, que nos permita alcanzar los estándares de calidad necesarios para poder competir en un mundo cada vez más globalizado. No aprovechar el momento de bonanza económica actual podría comprometer nuestro desarrollo a largo plazo y el futuro de las nuevas generaciones.