Educación superior y desarrollo humano sostenible
Las universidades públicas constituyen uno de los elementos esenciales del conjunto del marco institucional indispensable para el logro de los objetivos del desarrollo humano sostenible. Sus tareas docentes, investigativas, culturales y de extensión se dirigen dentro de este paradigma hacia la construcción de un modelo civilizatorio nacional, democrático, socialmente justo y ambientalmente sostenible, cumpliendo así con su vocación de ser la “conciencia crítica de la nación”.
En esta visión, las universidades públicas, decididamente orientadas hacia las soluciones de los urgentes problemas nacionales, tienen entre sus tareas la formación de ciudadanos con un profundo sentido crítico, nacional y democrático, así como de un elevado compromiso con la sociedad, la equidad social y la sostenibilidad ambiental. Estos profesionales deberán, además, estar dotados de profundos conocimientos científicos y tener una alta capacidad de investigación e innovación, elementos que les permitirá participar activamente en la comprensión y superación de los problemas fundamentales que aquejan a nuestra sociedad. El desarrollo de la práctica social por parte de los estudiantes es un elemento principal de este enfoque. El proceso deberá, en este sentido, corresponderse con la refundación nacional, es decir con la construcción de un nuevo modelo de desarrollo humano sostenible.
La educación superior, en este contexto, se entiende como una efectiva práctica de la libertad, la cual desarrolla en nuestros recursos humanos la creatividad, así como la capacidad crítica necesaria para el avance científico, técnico, social y ético. Más aún, las universidades públicas deben constituirse en verdaderas escuelas de democracia, donde la participación de todos los estamentos (profesores, estudiantes y administrativos) se caractericen por la participación protagónica de todas las grandes decisiones universitarias, con plena libertad para la creación, circulación y debate de las ideas. Solo en este ambiente de libertad podrán prosperar las innovaciones científicas, tecnológicas, económicas y sociales que el país necesita. Esto, desde luego, solo se puede lograr con el pleno respeto a la autonomía universitaria, así como de un proceso que permita la mayor inclusión social posible dentro de la misma.
Desde el punto de vista de la investigación y la extensión, las universidades públicas deberán desarrollarse como centros de producción y difusión de conocimientos científicos, técnicos y sociales también dirigidos a atender los problemas de la sociedad panameña, principalmente los de los sectores más vulnerables. Entre los ejes básicos de la investigación y la extensión deberán incluirse elementos tales como: estrategias de desarrollo alternativo, el desarrollo de la seguridad y la soberanía alimentaria sostenible, la agroecología, el progreso científico y técnico para la nueva industrialización y la integración por complementación y solidaridad, los conocimientos indispensables para el avance en el campo de la salud y la educación pública, las fuentes de energía alternativas limpias, los problemas de la infraestructura económica y social, el desarrollo de procesos de generación y difusión de tecnología y formas organizativas para potenciar la formalización y avance de las pequeñas y medianas empresas, así como de las formas sociales de producción cooperativas y asociativas, el desarrollo de formas institucionales que permitan el avance de la inclusión y participación democrática, las condiciones para la equidad de género, la cooperación y apoyo a los pueblos originarios, y el desarrollo de las innovaciones organizativas y tecnológicas guiadas a elevar la productividad de los servicios exportables.
Las universidades públicas deberán constituirse como el eje central para la defensa y desarrollo de la cultura nacional, así como de los valores de la equidad, la solidaridad y la cultura de paz. Estas, lejos de transitar el camino de la subordinación cultural, la dependencia económica, científica-técnica y cultural, tendrán el compromiso de desarrollarse como baluarte de la afirmación nacional, es decir, de la posibilidad de que el pueblo panameño se convierta en el dueño de su propio destino. La universidad no puede ser un simple transmisor de una cultura guiada a la dominación de una minoría social sobre las grandes mayorías, la misma debe ser la portadora de los valores de la liberación y el desarrollo humano. Así mismo, deberá convertirse en la gran difusora de un nuevo estilo civilizatorio que, alejado de los valores de la depredación, apunte hacia la restauración de una relación metabólica sostenible entre los hombres y el resto de la naturaleza.
El logro de todo lo anterior precisa que a las universidades públicas se les aseguren dos bases fundamentales. La primera de estas es el pleno respeto y desarrollo de la autonomía universitaria. La segunda se refiere a la base material, es decir, la dotación adecuada de recursos materiales y financieros para que puedan cumplir con sus funciones de manera eficiente y eficaz.