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Educación: una inversión de tiempo y dinero que merece respeto


La educación es esencial para el funcionamiento de la sociedad, y las bases de la misma dependen del individuo que la recibe y la institución que brinde la enseñanza.

Por esto es imperdonable que las autoridades dejen pasar por alto, sin las sanciones correspondientes, el hecho de que varias universidades privadas impartan clases sin el aval de la Universidad de Panamá, funcionen en instalaciones inadecuadas y promocionen carreras no aprobadas.

Educarse es una inversión, un renglón dentro de la lista de gastos y un beneficio con frutos a mediano y largo plazo.

El crecimiento económico del país hace cada vez más evidente la necesidad de personal calificado para ocupar las diversas plazas relacionadas con ingeniería, tecnología, banca, finanzas, entre otras, que generan las empresas.

La sociedad reclama centros de enseñanza que brinden educación de calidad, y muchos buscan ese servicio en instituciones privadas, una práctica que no es censurable, pero lo que sí es cuestionable es jugar con el bolsillo, tiempo y futuro de cientos de panameños que son defraudados por sistemas inadecuados. La calidad de la educación convierte la mano de obra en una inversión óptima, y muchos panameños realizan la inversión, la pregunta es ¿qué tanta calidad reciben?

Educación no siempre es garantía de convertirse en millonario, pero sí ofrece la oportunidad de un futuro mejor y es un derecho de todo ciudadano. No hay que olvidar que el conocimiento es poder.

Tampoco hay que dejar pasar por alto las personas que buscan planes de estudios fáciles y que se convierten en presas “voluntarias” de los fraudes.

El negociado de las universidades privadas es un asunto que existe desde hace varios años, primero fueron unas pocas, ahora han crecido como la espuma y por mucho tiempo, las autoridades se hicieron las sordas y mudas. Es hora de que autoridades y ciudadanos hagan valer los derechos de todos.