Educación vial o vigilancia permanente
Da dolor, lástima y encono manejar por las calles de Panamá observando el enredo que se forma en las mismas y cómo, a ciencia y paciencia de las autoridades, sucede la peor violación a las reglas de tránsito. A pesar de haber escrito sobre esto anteriormente, no me canso de decirlo porque no existe razón alguna para que sucedan los tranques en las calles, ya que algunos o muchos de ellos se dan por esas violaciones o por descuido de las autoridades o por mal uso de los semáforos. Cualquiera que sea la causa, no se justifica y debemos tratar de subsanarlo para evitar que los panameños suframos por una razón injustificada.
No deben darse las transgresiones que vemos. No deben los carros pasarse con la luz roja cuando esta se pone en el semáforo porque los accidentes que pueden causar son innumerables.
Hace unos días, delante de mis ojos, cuatro conductores se pasaron luego del cambio de luces, entre ellos dos taxistas, con la desfachatez más grande. Dicho sea de paso, los taxistas son los que peor manejan y los que más incumplen: dan vuelta en U en cualquier calle, se tragan las luces rojas, se detienen donde les da la gana a recoger pasajeros para luego decirles que no van. Lo único que les hace falta es manejar contra mano, pero algún día lo harán también. La mayoría de los carros pintados de amarillo no portan placa de ninguna clase ni letrero con identificación de que son taxis, por lo que son piratas. Pero sucede que en las calles no existen los policías del Tránsito y los inspectores son contados con los dedos de la mano. Aunque en una reunión en la Cámara de Comercio, un comisionado tuvo el descaro de responderme a una pregunta, que los policías estaban por todas las calles, quiero decirle a ese comisionado que no es cierto y que continúo preguntándome dónde están los policías y qué hacen además de recibir jugosos aumentos de salario sin cumplir con sus obligaciones.
Si bien es cierto que los panameños carecemos de educación vial, sexual y política, también es cierto también que las autoridades no quieren poner atención a esto. Cualquier país del mundo fija su adelanto en la educación, y a nosotros no se nos da la misma en el plano vial para que aprendamos las reglas de tránsito y, sobre todo, para que aprendamos a respetarlas, a manejar con conciencia y basados en el aprendizaje que se nos dé en las escuelas y que nos orienten para tener responsabilidad en el manejo. Si tuviéramos esa educación, no se darían tantos accidentes menores y mayores; no tendríamos impaciencia por llegar antes a cualquier lugar y aprenderíamos que la velocidad es la enemiga más grande que tenemos al manejar. En los corredores vemos los autos ir a excesiva velocidad sin que les importe a sus conductores quiénes van a los lados, delante o detrás. Si fuéramos más educados, tendríamos, como dije, responsabilidad y respeto por los demás; seríamos conscientes de lo que hacemos y llevaríamos el manejo por un camino correcto. Pero los panameños solo entendemos por la fuerza.
Sabemos que no debemos estacionar en determinados lugares y muchos de ellos lo dicen, pero allí lo hacemos y,
cuando nos ponen boleta o nos llevan el auto con grúa, pegamos el grito al cielo y culpamos a las autoridades. Falta de educación. Entonces, deben venir las autoridades a suplir esa falta y poner las boletas que deben porque solo así entendemos. Pero no hay autoridades en las calles y se nos convierte en un círculo vicioso. El juegavivo de algunos y el mal manejo de otros, congestionan las calles que, junto al mal funcionamiento de los semáforos, causan tremendos tranques en las calles.
Quiero hacer un llamado a las autoridades para que salgan a manejar la mala conducción y a cumplir sus obligaciones; igualmente solicito a las autoridades educativas que implementen la educación vial para que, si ahora no es tan posible arreglarlo, en un futuro seamos ciudadanos conscientes y responsables en la conducción. Enseñemos a los conductores de buses, de camiones y de taxis, que no es a la brava, sino con educación que se resuelven los problemas y tendremos un mejor país.