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Educar a las mujeres en un ambiente de igualdad


Marisín Villalaz de Arias / Médico (opinion@epasa.com) / -

Desde hace millones de años, la mujer ha estado supeditada al hombre, y tal vez ese sea un factor importante en la falta de desarrollo de muchos países, ya que no hay nada como la igualdad en todos los aspectos de la vida moderna. Esto es de un valor incalculable porque Dios hizo el mundo con hombres y mujeres para que conviviéramos en paz y armonía. Recuerden ustedes que antes de la modernización de la iglesia auspiciada por SS Juan XIII, la mujer tenía la obligación de cubrirse la cabeza para entrar a las iglesias, lo que no era requisito para los hombres. Durante las misas, los hombres podían permanecer de pie, lo que no se le permitía a las mujeres, que tenían que estar sentadas o de rodillas; también la forma de recibir la confesión y podríamos continuar las diferencias entre ambos sexos. Eso lo heredamos en el mundo católico, pero gracias a Dios ha cambiado todo.

Durante los primeros años de nuestra república, los gobernantes que eran verdaderos estadistas, dieron gran importancia a la educación y, desde entonces, existió la coeducación en los colegios y escuelas públicas. Así era en Las Tablas, donde cursé mi educación primaria. Desconozco en qué momento vino el cambio y separaron en Panamá los varones de las muchachas; no fue así en la Normal de Santiago, donde se continuó la coeducación. Eso nos permitía conocernos y aprender la igualdad de todos sin diferencias. A pesar de que había profesores que eran machistas, entre nosotros los estudiantes nos entendíamos bien. No fue hasta 1947 que nuevamente se unieron los colegios secundarios entre ambos géneros, lo que me permitió graduarme en el Instituto Nacional con los compañeros/as más increíbles.

ES CURIOSO Y DEBEMOS ESTUDIAR EL FENÓMENO. ANTES SE INSTABA A LOS VARONES A ESTUDIAR; HOY SUCEDE LO CONTRARIO.

En un mundo de evolución rápida, la educación es la base del desarrollo de los países y debe tener su fundamento en lo humanístico y lo histórico, en lo necesario y lo rentable. Rosseau y Schopenhauer eran machistas y, con sus pensamientos filosóficos del momento, influían en la sociedad. En Panamá, mientras las escuelas públicas se modernizaban, las privadas continuaban divididas y las profesiones eran diferentes en ellas. Las monjas enseñaban a las niñas la sumisión, su papel secundario, su falta de motivación y su lugar secundario definido en la sociedad. Se daba más importancia a los hombres y, tal vez por esto, sufrimos durante un tiempo la desigualdad. La filosofía progresista se ve en la educación laica, en la que hombres y mujeres comunes imparten una educación más funcional, sin mitos, llevándola a terrenos realistas, a ver la vida más allá de la religión y las creencias contradictorias entre esta y la vida.

Insisto en recordar la gran asistencia de mujeres a nuestras universidades y el peligro de un desequilibrio en la vida del país. ¿Dónde están los hombres que no estudian, que no se educan? De continuar así, pronto seremos un matriarcado y, como dice mi amiga Rosa Britton, que de continuar esto, tendremos una casta de zánganos que no ayudarán al desarrollo del país. No digo que todos los hombres panameños sean así porque en mi familia lo que sobra son profesionales; pero creo que es cuestión de hogar, ya que allí también se influye en la vida de los jóvenes. Recuerden que la educación es la base del desarrollo personal y que sin ella se dificulta sobresalir. El ejemplo lo vimos en un presidente de Korea, que visitó Panamá, y que en su niñez vendía periódicos, pero se educaba.

No me agrada ni el machismo ni el feminismo; todos somos iguales y pertenecemos a la humanidad. Soy partidaria de la educación para terminar con la pobreza; quien estudia puede superarse, no importa el género. ¿Qué induce a la mujer a educarse, a superarse con estudios? No es por figuración; tal vez sea por satisfacción íntima de su trabajo o de lo que logró ser. Pero es curioso y debemos estudiar el fenómeno. Antes se instaba a los varones a estudiar; hoy sucede lo contrario. Son más los varones que se dedican a pandillas o que cometen violencia o delitos. Siempre han sido más grandes las cárceles de hombres que de mujeres.

La educación debe ser humanística, pero no se logrará si se excluye a las mujeres como parte de la educación y existe desigualdad de género.

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Viernes 14 de agosto de 2026