EE.UU., su política exterior
No son nada nuevas las novedades cuando de política exterior de Estados Unidos de América se trata. Es cierto que podría discernirse sobre los diversos modelos según sea la administración que ocupe la Casa Blanca, unos más reacios e intervencionistas que otros. Pero al final, el eje de dominio respecto a nuestros países es el mismo. Es posible que las coyunturas más difíciles, y sobre esto hay muchos ejemplos para el caso de América Latina, no son las que necesariamente hayan invitado a la cohesión regional. Esto tendrá ahora una reacción distinta al pasado, sobre todo por la presión que impone el tipo de política exterior que impulsa la administración de Trump.
"Del dicho al hecho hay mucho trecho". Así reza el adagio. El discurso del republicano, en tiempo de campaña, era visto por muchos como consignas lanzadas al aire para cooptar el apoyo popular. Pero el trecho no ha sido tan largo si observamos las medidas y acciones que vienen impulsándose sin pudor, pero que igualmente beligerantes son las reacciones, tanto internas (protestas en Estados Unidos) como externas con las manifestaciones de rechazo al tipo de política exterior impuesta. Es posible que la región necesitará de un halón de orejas que le haga reaccionar sobre dónde deben estar ubicados los intereses compartidos.
Una de las voces que se une al rechazo es la de los copresidentes de la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (reúne a diputados de Europa y de América Latina), en reciente declaración que cuestiona las decisiones ejecutivas en materia de política exterior adoptadas por EE.UU. Ello tiene, como antecedente, los pronunciamientos del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del secretario general de Unasur, Ernesto Samper, quienes se refieren a la administración de Trump como "una verdadera amenaza exterior".
El tipo de política exterior, de naturaleza arbitraria, unilateral, xenófoba y discriminadora, está unificando criterios sobre la defensa de la legalidad internacional, del multilateralismo, de los derechos humanos. Pero además, está el llamado de los presidentes de la Asamblea Euro-Latinoamericana para que se modernice, lo más pronto, el Acuerdo de Asociación con Chile, se concluya dicho acuerdo con Unasur, se acelere la ratificación del acuerdo con Centroamérica de aquellos países europeos que no lo han hecho, y con prontitud se dé el Acuerdo de Diálogo Político entre la Unión Europea y Cuba.
Es la oportunidad que se desprende de la política exterior de Trump, "para intensificar y profundizar las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe". Es, así mismo, la campanada al resto de los organismos de la región y a los mismos jefes de Estado para que afinen el lápiz respecto a cómo unificar y enfrentar modelos que muchos pensaron superados, pero que ahora está en nuestras puertas como vampiro con colmillos afilados.
Porque si en efecto hay, en el fondo de la política exterior de EE.UU., la visión impositiva de siempre, ahora con más descaro, de esto debe resultar la motivación para que la solidaridad de los pueblos y la historia común conduzca a fortalecer los lazos, más allá de nuestras fronteras, para que la insolencia de un presidente no encuentre tierra fértil, sino más bien haga arado en el mar.
Docente universitario