EE.UU. y Venezuela, amargo matrimonio
A gran parte del mundo sorprendió la publicación de un Decreto Ejecutivo de Barack Obama donde sanciona a siete funcionarios del Gobierno venezolano, y hace mención de que su país está en situación de emergencia nacional por la amenaza inusual y extraordinaria que supone la situación de violación de derechos humanos en Venezuela para la seguridad de EE.UU. Y es que la sorpresa es grande debido a la poca acción o inactividad de Obama con relación a los hechos que acontecen en Venezuela desde su primera gestión gubernamental.
En Venezuela se viven momentos de crisis tanto económicos, políticos y de seguridad, ante la ineficiencia y corrupción del gobierno, pero además, ante los signos de autoritarismo, como la constante represión antidemocrática, los presos políticos y falta de diálogo con los sectores de la sociedad, donde no se les permite la participación y se cierran las vías democráticas y las libertades consagradas en las constituciones de los Estados y en las declaraciones de derechos humanos.
A pesar de todo esto, la relación comercial entre ambas naciones sigue intacta. El envío diario de más de 800,000 mil barriles de petróleo a EE.UU., pareciera ser una política que está en una fuerte “burbuja”, que no conoce de los vaivenes políticos internos ni externos.
Todavía hoy no se sabe a ciencia cierta si ese decreto es un error o un cálculo cronometrado de política exterior de cara a la próxima Cumbre de las Américas, donde EE.UU. estaría llegando debilitado por su posición de flexibilidad y negociación con Cuba, la posición negociadora también con Irán y su poca implicación en temas conflictivos alrededor del mundo.
O si es un asunto más doméstico, con ribetes internacionales, concediendo un espacio a la oposición republicana en el Congreso, y de esa forma encontrar coincidencias que le permitan al Gobierno de Obama, tener mayores niveles de acción.
Entonces queda la duda, ¿es un error de Obama avivar los sentimientos antiestadounidenses en el hemisferio americano? Sobre todo, después de que restableciera el diálogo con Cuba, un paso que había redireccionado las relaciones interamericanas; o es un cálculo, en primer lugar para que la oposición republicana no siga entorpeciendo sus planes internos y externos, en segundo lugar, un cálculo de tiempo de cara a las elecciones presidenciales, donde su partido tendría muy pocas esperanzas de ser elegido para continuar en el poder.
La Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) solicitó la derogación del Decreto Ejecutivo estadounidense al ser, según ellos, “una amenaza injerencista a la soberanía y al principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados”. Tanto el Sica, Mercosur, Can y Caricom no sentaron ninguna posición.
En Centroamérica, únicamente la Cancillería de El Salvador, expresó mediante comunicado “su profunda preocupación…”.
Habrá que esperar cuál es el verdadero motivo de Obama, y si en realidad podrá ejercer alguna presión sobre las arremetidas autoritarias de Maduro, o más bien le dará mayores poderes y simpatías para continuar su gobierno.
Lo que queda claro es que Venezuela necesita un cambio de dirección urgente por las crisis que vive, y no creo que ese Decreto ayude para el cambio ineludible que debería realizar Maduro. La economía puede ser, más que la situación política, el detonante que lleve a los venezolanos a forjar su propio destino.