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Efecto secundario


Los precios de los combustibles se vuelven a disparar y los consumidores no tendrán más remedio que asumir las consecuencias de estas alzas.

Es un efecto en cadena que impactará de forma directa en los precios de los productos de primera necesidad y en el costo de muchos servicios.

Los precios de paridad que empiezan a regir a partir de hoy confirman un alza de 30 centésimos en el precio del galón de gasolina de 91 octanos y de nueve centésimos en el galón de 91 octanos. El diésel también aumentó cinco centésimos por galón.

Este drástico incremento influirá en los gastos de operación de la mayoría de las empresas que trasladarán a sus clientes esa alza. Es algo inevitable.

Los analistas estiman que al cerrar febrero el costo de la canasta básica se mantendrá por encima de los 300 dólares. La tendencia alcista del petróleo también reduce las posibilidades que se registren reducciones en los precios a corto plazo.

El Gobierno destina millonarios subsidios para estabilizar, dentro de las posibilidades, el precio de los servicios de energía eléctrica y el gas. Sin embargo, las grandes empresas e industrias consumen por arriba del rango de subsidios.

Además del costo de los alimentos, otras actividades como el transporte se ven afectadas por las variaciones del combustible.

La noticia de los aumentos de precios llegan en el peor momento. Miles de estudiantes inician clases este lunes. El consumo de gasolina y diésel sube para este período.

Es evidente que al ser un país dependiente de las importaciones es muy poco lo que se puede hacer más que ahorrar. Hay que encontrar alternativas que eviten que los productos de alto consumo aumenten de precio: es un problema nacional.