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Efectos de pensamientos tardíos


El reciente discurso del presidente Obama, en el cual develó su plan para fomentar la economía norteamericana, ha sido calificado como de más audaz de lo esperado, tanto por Paul Krugman, uno de su más duro crítico desde una perspectiva no tradicional, así como por Mark Thomas, quien mantiene uno de los principales sitios en la red destinados a la discusión de los problemas económicos. Sin embargo, ambos han formulado algunas importantes críticas a la propuesta del primer mandatario estadounidense. Es así que Thomas, desde una visión estrictamente keynesiana, argumenta que la debilidad del proyecto estaría en que pese a que propone una expansión del gasto público, así como algunos alivios fiscales, proyecta al mismo tiempo una mayor restricción fiscal en otras áreas, en la forma de recortes de gastos y de incrementos de impuestos. Esto llevaría, de acuerdo al mismo, a debilitar el efecto expansivo y multiplicador del conjunto de las medidas. Desde una visión más conservadora, Martin Feldstein ha llegado a la conclusión que en las actuales y difíciles condiciones de la economía de los Estados Unidos cualquier rebaja en los impuestos a los consumidores no llevará a un incremento en sus gastos, ya que, frente a la incertidumbre reinante y el nivel de endeudamiento de los mismos, estos optarían por ahorrar una buena parte de la bonificación fiscal.

La crítica de Krugman, quien advirtió que el primer plan de estímulo del presidente Obama carecía del tamaño necesario para resolver el problema, se refiere a las posibilidades políticas de esta segunda propuesta de estímulo. De acuerdo a su visión, el presidente norteamericano habría perdido la posibilidad de pasar un paquete del tamaño necesario cuando contaba con el suficiente capital político para hacerlo, abriendo con su tímida posición las puertas a la crítica de las políticas expansivas. Esta forma de ver el nuevo plan presidencial como tardío, al tener en cuenta que por razones políticas los republicanos se opondrían a cualquier propuesta que efectivamente elevara el empleo, aparece confirmada por la realidad. Es así que, Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano, ha calificado la propuesta como un sainete político compuesto por intervenciones fracasadas.

Si se tienen en cuenta las graves dificultades europeas, que arrastran al área del euro hacia una nueva recesión, así como los aprietos norteamericanos que apuntan, en el mejor de los casos, hacia la desaceleración y el estancamiento, se tiene que concluir que la economía internacional se encuentra al borde de una nueva crisis global. Pensar que esta no va afectar a Panamá, tal como es la posición oficial de gobierno, resulta insólito y peligroso. Alegar que el proyecto del presidente Obama significará la aprobación del TPC y simplemente mayores exportaciones locales, olvida el verdadero sentido de la propuesta. La misma quiere ver que en Corea se manejen carros norteamericanos y, siguiendo esta lógica, que en Panamá, por ejemplo, se consuma arroz de la Louisiana. La propuesta busca, para decirlo en los términos de Michal Kalecki, exportar el desempleo norteamericano a sus socios comerciales.