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Einstein, el científico del siglo

Por: Redacción 04/06/2014

El científico del siglo XX poseía una personalidad extraordinaria, en su más amplia interpretación, en la que su talento e inteligencia prevalecieron sobre todas las dificultades, durante la niñez y juventud, periodos básicos para el futuro.

Su mayor inclinación intelectual se orientó hacia las ciencias, las matemáticas y la física, desarrolló ambas disciplinas, aplicadas hacia el mundo que nos rodea, aunque fuera duramente cuestionado, y demostró en sus tesis la veracidad de las mismas, revolucionando con el tiempo y la constancia su aplicación, que todavía hoy se estudia.

Siempre dejó pasar las incomprensiones a su alrededor, jerarquizando su espíritu investigativo y las tesis propias, que constituyeron sus instrumentos de trabajo, proyectados en artículos, foros, universidades y centros científicos, en los que en las distintas ocasiones se le escuchaba con mayor atención.

Además, su origen alemán, suizo y finalmente norteamericano marcó su periplo de vida, de crédito científico y de continuidad intelectual.

En el orden social también se proyectó con criterios propios, sumamente pragmáticos, lejos de confesiones e ideologías predominantes. A pesar de su histórica carta al presidente Franklin Delano Roosevelt, alertando sobre el armamento nuclear, que contenía su propia teoría científica, frente a la amenaza nazi reiteró siempre el uso pacífico y la paz mundial.

No hizo dejación de su condición natal de judío, pero con criterios personales e insertados en la historia de la tierra palestina y judía, basados en la paz y la convivencia.

La vida de Albert Einstein, profundamente insertada en la ciencia y en la realidad social, profundamente científico y humanista, mucho nos enseña para la actualidad mundial y las nuevas generaciones. Desechó la práctica política actual y los honores personales, en la verdadera humildad se encuentran su ejemplo y personalidad.

Sus biógrafos confirman estos extremos.

“El pequeño Albert fue un niño quieto y ensimismado, que tuvo un desarrollo intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la única persona que elaborase una teoría como la de la relatividad: ‘Un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido mayor’”.

 

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