Ejercicio del diálogo interior
Tenemos que ejercitar otros diálogos más verdaderos, más integradores interiormente. Está visto que no hay otra manera de solventar los problemas del mundo. No es cuestión de sembrar palabras, sino de embellecer acciones con sólidas leyes morales. Tampoco se trata de dirimir las controversias por la vía del poder. Quien puede más impone más.
El día en el que todos contemos, y no como una transacción de negocios, sino como un ejercicio de escucha para confluir en puntos de encuentro, avanzaremos en el sano camino de la aceptación, lo que conlleva respetar el pensamiento de nuestros semejantes y tolerar sus discrepancias.
Necesitamos crecer más por dentro que por fuera, sentirnos algo, poder afianzarnos en alguien, establecer intercambios con otras culturas, compartir experiencias de vida en definitiva.
Sin duda, forma parte de nuestros genes la actitud de diálogo íntimo y personal, no en vano uno precisa reencontrarse sinceramente consigo mismo para poder sentirse bien. Es paso obligado del camino para la autorrealización de la persona.
No se puede estimar lo que no se conoce, y se llega a ese conocimiento a través de sus andanzas expresivas. Gracias a la reciprocidad de lenguajes se pueden confrontar los diversos puntos de vista y las culturas pueden reconocerse en la unidad del mundo. Cuántos desacuerdos se han resuelto a través del sano ejercicio del diálogo.
Es justo y saludable, por tanto, reconocer las grandes obras surgidas del aprecio por el ser humano. Sin embargo, cuando una sociedad devalúa a la persona, se pierde la sensibilidad personal y social y todo camina a la deriva. Para que esto no suceda, veo bien que se activen acciones como las del comité español del Unicef y Santillana, que desde su programa educativo Enrédate, ha desarrollado el material "Cómo viven los niños la crisis", que ayudará a los docentes a trabajar con los niños de educación primaria conceptos como crisis, economía, solidaridad. Con este concurso lo que persiguen es sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de conocer los sentimientos y la opinión de los niños sobre la realidad y el entorno en los que se mueve, e identificar qué papel pueden jugar en la nueva sociedad que entre todos tenemos que construir. Las aportaciones de los niños, a través de sus relatos y dibujos, estoy convencido de que nos darán nuevas claves sobre la importancia de enseñarnos a simpatizar, desde una genuina interlocución más desinteresada, sin esperar a ser recompensados.