El advenimiento de los mediocres
Conversando con un foráneo me decía que el grave problema de los países en vías de desarrollo, es el no dar continuidad a las leyes creadas o por crear, o simplemente realizar políticas de estado. Creemos saberlo todo, y desechamos lo anteriormente realizado, por nuestro antecesor.
Queremos inventar lo inventado, y en esa situación el país camina por trechos de incertidumbre.
Somos incapaces de reconocer el haber errado, y nos aferramos al cargo con la frase usual, “no renunciaré, solo el presidente puede pedirme el cargo”.
Recuerdo cuando mi difunta progenitora me contaba de niño, cómo se llevaba a cabo el relevo gubernamental cada 4 años, “caramba hijo los que salíamos y los que entraban, nos encontrábamos en la escalera, unos con la frente en alto, los otros cabizbajos”. ¿Ha cambiado en algo esto hoy? Creo que no, solo que ahora utilizamos ascensores, o nos mandan la renuncia o traslados vía correo electrónico. Cada día me asombra más la cantidad de funcionarios, que asumen los cargos sin tener la más remota idea del mismo. Con claro eufemismo, profieren órdenes sin sentido técnico.
Ya se ha hecho doctrina gubernamental, colocar a los mediocres en puestos de importancia, y todo lo que huele a inteligencia, relegarlo a un rincón.
El escenario es desagradable, parapléjicos mentales con sueldos que asustan y propiedades que impresionan hasta el millonario más honrado. La responsabilidad del trabajo implica mucho más que el esfuerzo y la productividad, se corresponden el desarrollo y progreso del individuo, el balance equitativo y flexibilización de pensamientos, y el trabajo en equipo.
“Vivimos en un país que no sólo no aborrece la mediocridad, sino que la premia. Ensalza a sus practicantes a la categoría de ídolos y los convierte en auténticos iconos de seguimiento para la multitud” (tomado del blog el triunfo de los mediocres).
“En los pueblos sin ideales, los espíritus subalternos medran con torpes intrigas de antecámara. Toda excelencia desaparece, eclipsada por la domesticidad. Nadie piensa, donde todos lucran; nadie sueña, donde todos tragan” (José Ingenieros).
Ante dicho panorama no puedo menos que protestar y exigir que mis superiores tengan la moral de ser ejemplo de trabajadores, y tener la vergüenza de aceptar que desconocen lo que hacen.
Me niego a ser simple ejecutor de premisas incongruentes, y de beber ideas anodinas, y la sociedad debiera comenzar a definir sus propias posturas a este respecto.
