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El agua derramada


No se requiere de ninguna medición científica, pues todos hemos comprobado que el agua, una vez derramada, nunca se recoge completamente. Y mucho de eso fue lo que sucedió el pasado 1 de julio, en la sesión de la Asamblea Nacional que marcó el inicio del tercer año de su mandato, cuando se eligió su nueva Junta Directiva y el presidente Martinelli rindió el informe de su segundo año de gobierno.

Los prolegómenos del sainete, se divulgaron con profusión de dimes y diretes, desde que trascendió que existía una maquinación en marcha para frustrar la candidatura del diputado Alcibiades Vásquez, a quien su partido, invocando un “pacto de alternabilidad”, había postulado para presidir la tercera Junta Directiva de la Asamblea Nacional.

¿Existía ese pacto? Todo indica que sí. Por lo menos así se publicó, ampliamente, cuando todo eran “paños y manteles” y el diputado Varela, hermano del vicepresidente y presidente del panameñismo, fue escogido para presidir la primera directiva del Órgano Legislativo.

¿Qué cambió en la Alianza del Cambio, desde entonces, para que se produjera el abrupto viraje? El primer factor fue el crecimiento de la membresía de CD, de la propia y por las absorciones de Unión Patriótica y Molirena. El segundo, la duplicación de su bancada, gracias a los tránsfugas; los ya sumados y los que están por sumársele y que le permitirá contar con 36 diputados, la mayoría absoluta. Y, el tercero, la convicción, que ahora tienen, de que, con o sin los panameñistas, igualmente habrían ganado las pasadas elecciones.

En la última conclusión, no están desencaminados. Muchos de los votos que Martinelli recibió en la papeleta panameñista, habrían desertado para votar por él en la de CD, si Varela hubiera mantenido su candidatura. Para los radicales de CD Varela cambió una candidatura, destinada a perder, por la posibilidad, solamente la posibilidad, de ser el candidato oficial en el 2014, y ahora, armados de “sus nuevas razones” se lo hicieron sentir con el dramático desenlace de la Asamblea.

El futuro para los panameñistas para nada es halagüeño. Si extremaran sus diferencias con exigencias radicales, podrían terminar fuera del gobierno, para la alegría de una buena parte de CD y de “los absorbidos”, hambrientos de “mayores espacios políticos”. Y si, pasivamente, “se tragan el sapo”, a cambio de mantener “su opción para el 2014”, tampoco se “recogerá el agua derramada”, que ha sido mucha, tanto en el piso propio como en el de la Alianza y, de paso, ha salpicado en otras direcciones.