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El amor es para los valientes

Por: Redacción 28/07/2015

Un cobarde es incapaz de mostrar humanidad alguna; hacerlo está reservado para los valientes, que saben lo que es amar sin condiciones ni condicionantes. El mayor acto de valentía siempre nace en lo profundo del alma, y se alienta con el compromiso del amor hacia nuestros semejantes. Ellos son los artífices de la paz. Me estoy refiriendo a aquellos ciudadanos, grupos de personas o instituciones que promueven y protegen los derechos humanos de manera armónica, rechazando todo tipo de violencia. Sin duda, son nuestros ángeles. Muchas de esas personas arriesgan su vida, soportan multitud de intimidaciones y represalias, son víctimas de ejecuciones y torturas, sufren detenciones arbitrarias, amenazas de muerte, pero continúan con su quehacer callado.

Sin duda, saben mejor que nadie que vivimos tiempos espinosos, que nos desbordan por su violencia y venganza, hoy mismo un grupo de expertos de Naciones Unidas y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos lamenta los intentos de desacreditar e intimidar a defensores de derechos humanos en una televisión pública de un país, en represalia por activismo y su cooperación con la ONU y organismos regionales que se ocupan de las garantías fundamentales. Todos los Gobiernos del mundo deberían saber que deben respetar y defender la participación de estos gentíos de paz.

Lo mismo sucede con las agresiones, secuestros y crímenes a periodistas, que lo único que hacen es mostrar al mundo el aluvión de contrariedades e injusticias, con el fin de que la ciudadanía esté informada para que pueda tomar decisiones acertadas. Es esencial que estos hechos no queden impunes, y la comunidad internacional debe actuar con la contundencia necesaria para que no vuelvan a suceder.

Si en verdad nos moviera el amor, nuestra acción debería ser valiente, no tibia; pues nos consta que todavía hay demasiada represión en todos los continentes, lo que nos exige retomar una nueva conciencia de los derechos humanos, tan devaluados hoy en día. Por tanto, bravo por esos defensores que hacen lo imposible para defender los ideales y las aspiraciones que son válidas para todas las culturas y personas; y también bravo, por esos periodistas entregados en dilucidar la verdad de los acontecimientos.

La libertad de expresión es la piedra angular de este combate de valentía, que no es otro que advertir que los derechos humanos pertenecen a toda la humanidad, y nadie debería invocar diferencias para atentar contra algo que es inherente al ser humano y a cada uno de nosotros.

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Viernes 31 de julio de 2026

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