El anciano y odiado Noriega
Mencionar a Noriega en Panamá causa toda clase de debates. Los más jóvenes solo saben que fue un dictador que mantuvo al país sumido en un régimen de terror por más de 21 años.
Sus historias oscuras estaban llenas de personajes muy peculiares. Algunos han fallecido y otros todavía caminan por las calles sonriendo como si nunca lo hubiesen conocido.
Las huellas de su dictadura quedaron enquistadas en muchas familias que exigen justicia. A Noriega se le atribuyen toda clase de atrocidades, algunos de los casos pasaron por el tamiz de las leyes; otros, simplemente permanecen ocultos dentro de una larga lista de desapariciones.
Después de superar toda clase de procesos judiciales y diplomáticos, finalmente se habla de que Noriega llegaría (después de 22 años) a su tierra en octubre, lo que ha creado todo un ambiente de tensión e incertidumbre.
En la cárcel El Renacer, el exdictador Noriega
(considerado ahora un anciano de 77 años con serios problemas de salud) es tema de conversación todos los días.
En ese centro penitenciario se han acondicionado algunas instalaciones para recibir al hombre que antes infundía miedo en las calles de Panamá. Sus comodidades son pocas para sus defensores, pero exageradas para muchos de los que viven entre los barrotes.
Lo más seguro es que pase poco tiempo detenido. Su edad es suficiente para recurrir a medidas cautelares, entre ellas, la de casa por
cárcel.
La llegada de Noriega también ha iniciado una curiosa pugna entre familiares de sus víctimas, algunos no quieren que venga a Panamá y han recurrido a recursos legales.
¿Con Noriega en suelo patrio cambiaría algo? Más allá del rejuego político y el morbo que genera su nombre, es posible que no.