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El año de la agricultura familiar

Por: Redacción 30/01/2014

Víctor Corcoba Herrero /Escritor (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Una iniciativa promovida por el Foro Rural Mundial y respaldada por casi cuatro centenares de organizaciones civiles y campesinas de todos los continentes ha hecho posible que Naciones Unidas respaldase este año 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar.

El que mujeres y hombres del campo, y también del mar, puedan reflexionar juntos sobre la manera de cuidar el planeta y de alimentar el mundo, debatir y extraer conclusiones, lo veo como un gran avance social. Téngase en cuenta que el 70% de los alimentos consumidos en el mundo son producidos por esta cercana agricultura familiar, en toda su diversidad, y alrededor de un 40% de familias del mundo viven de esta actividad. Pero también es indudable que el éxodo del campo está ahí, en parte porque ha sido un sector abandonado, al que se le ha prestado muy poca atención en el desarrollo de los servicios públicos fundamentales, necesarios para alcanzar un nivel de vida digno, acorde con los progresos de la época.

Por eso, entiendo que es el momento de centrar la atención del mundo sobre su importante papel en el logro del bienestar humano. Con estos agricultores tenemos que hacer justicia. Sabemos que existen más de 500 millones de explotaciones agrícolas familiares en el mundo, que sus actividades dependen principalmente de la mano de obra familiar y que ellos son los principales productores de los alimentos que consumimos a diario.

Naturalmente, no solo tenemos que rememorar que son una parte importante de la solución para lograr un mundo libre de la hambruna, los gobiernos deben avivar su compromiso político con el sector y establecer plataformas para el diálogo, puesto que es preciso el acceso protegido a la tierra, al agua, el mar y demás recursos naturales. Qué menos que reconocer el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos. Qué menos que producir alimentos cerca de las personas que los necesitan. Qué menos que ayudar a un sector que se siente "el último" de una cadena productiva. Es fundamental abrir nuevos horizontes a la pobreza rural, a esta realidad presente en todos los continentes como es la agricultura familiar, sometida hoy a fuertes incertidumbres e incomprensiones.

La principal incomprensión, considerarla con un planteamiento de producción marginal, de ahí la importancia de la creación de cooperativas que proporcionen no solo gestión, sino también asesoramiento y formación. Nos consta precisamente todo lo contrario, esta agricultura familiar, además de ser el sustento de mucha gente, es también la mayor fuente de empleo en muchos países en desarrollo. Varios países de América Latina y el Caribe han colocado a la agricultura familiar como prioridad en sus políticas públicas, algunos como Bolivia la han declarado como actividad de interés nacional. En la misma sintonía se encuentran otras experiencias de Europa, Asia o África, donde el peso del modelo de familia camina hacia una causa común, el buen uso de las tierras agrícolas.

A mi manera de ver, la piedra angular de la agricultura europeísta es precisamente esta agricultura familiar, y con ella también nos referimos a los pescadores artesanales, pastores, recolectores, jornaleros sin tierra y comunidades indígenas.

Son los grandes gestores de nuestro hábitat. Lo mismo sucede con el pastoreo. La producción ganadera extensiva ocupa alrededor del 25% de la superficie terrestre del planeta y produce en torno del 10% de la carne para el consumo humano, de la que dependen unos 20 millones de hogares de pastores. Igualmente, pasa lo mismo con la pesca artesanal, los medios de vida de unos casi 400 millones de personas dependen directamente de la pesca en pequeña escala, que da empleo a más del 90% de los pescadores de captura del mundo. Los datos hablan por sí mismos. Habría que incrementar un 70% la producción de alimentos antes de 2050, momento en que se prevé que la población mundial alcance los nueve millones.

Considero esencial que esta agricultura familiar mantenga su espíritu de familia y, como tal, active en toda la familia humana prácticas sostenibles y modalidades de consumo racionales y razonables.

Lo que ha de prevalecer, en todo caso, es una dirección del sector, unido al desarrollo rural, centrado prioritariamente en sus propias vidas y entornos. No olvidemos que el concepto integrador de agricultor, igual que el de pastor o pescador, vive en su espacio para mejorarlo y poder subsistir junto a él.

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