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El año que viene


El año que termina ha dejado lecciones -algunas amargas- que amenazan con repetirse el año que viene. Por un lado, es cierto que las promesas de mejores tiempos se afianzan en el índice de crecimiento económico proyectado. Lo que hay que determinar es cuáles sectores de la población se benefician y en qué plazos. De forma inmediata, será el sector ligado al servicio, el Canal, la banca y la construcción, que además es la marca Panamá que se ofrece al extranjero. De momento la desigualdad, una de las peores de la región, seguirá igual. Además, hay otro Panamá que parece incapaz de cambiar, y podría repetir lecciones no aprendidas; el que ha estirado la soga de la institucionalidad con riesgo de romperlas; el de la intolerancia, la impunidad y la corrupción que sigue permeando la sociedad; el del crimen, que amenaza las urbes, especialmente la capital asfixiada como nunca por la crueldad y la malevolencia. ¿Están los políticos o los funcionarios en capacidad de asumir el reto para cambiar? El optimismo no es la nota. Muchos funcionarios iniciarán el próximo año con las controversias no resueltas del 2010. Entre ellas el Seguro Social, que repetirá su paralizante desequilibrio fiscal; el Ministerio Público, que tardará en recuperar la confianza en la justicia; y una Asamblea que no pude evitar su eterna crisis de independencia. El panorama pinta una paradoja, pues en todos los tiempos de la democracia, nunca ha existido una mejor oportunidad de hacer las cosas bien. ¿Hemos aprendido la lección del 2010?