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El arte de amar

Por: Redacción 16/02/2016

Coincidiendo con el primer centenario de la muerte de un auténtico escritor cosmopolita, Rubén Darío (1867-1916), por cierto también coincidente con el cuarto centenario del fallecimiento de Miguel de Cervantes, se me ocurre tomar como título de esta columna periodística, y a manera de evocación, este axioma del poeta nicaragüense, representante del modernismo literario en lengua española y gran admirador de la obra cervantina, que pienso que a todas horas deberíamos meditar, cuando menos por su capacidad de sustento en este mundo de desamores, puesto que supedita la ciencia de vivir al arte de amar. Cuando el amor da sentido a tu vida, todo es más humano, más fraterno, lo que nos hace abrirnos a una dimensión más amplia que la materia, si quieren más poética, de respeto por las personas, venciendo la codicia de poder, de posesión, de dinero, a ser honestos y sinceros en nuestras relaciones.

Ciertamente esto es un arte, el arte de amar el verdadero amor, lo que significa ser fieles a nosotros mismos, a nuestra naturaleza más nívea; y, de este modo, caminar liberados de miserias hacia la auténtica libertad, pues como decía el ínclito autor de la obra "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha": "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida".

Desde luego, un convencimiento profundo anima a estos dos iluminados, que son Cervantes y Darío. Precisamente, en una crónica publicada en el periódico de Buenos Aires, de 9 de abril de 1905, encontrándose el inventor del modernismo en tierra de Don Quijote (Argamasilla de Alba) escribía, sobre los diversos ensueños, como puede ser la dulzura de una tarde o el canto de un labriego en la soledad del campo, o descifrando el reloj de la vecina iglesia que a través del tiempo inventaba el sueño, tal vez la llama de su vida. Al fin y al cabo, "el Arte es el glorioso vencedor. Es el Arte/ el que vence el espacio y el tiempo...".

Cada día son más los ciudadanos que se desconocen a sí mismos. Apenas hablan, solo escriben. Lo hacen con ordinariez, sin espíritu creador. Atrás quedaron aquellas célebres cartas de amor o tertulias heterogéneas donde se invitaba a pensar, hoy lo que impera es el caos, el abismo y la oscuridad. Quizás tengamos que ser mejores receptores, más reflexivos. Necesitamos un corazón abierto como lo tenían estas gentes para comprender lo mucho que nos une y lo poco que nos separa si aplicáramos el arte de amar como respiración de nuestra vida.

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Viernes 24 de julio de 2026